Cuando la luna se hizo gigante Un misterio del Antiguo Egipto


Cuando la luna se hizo gigante

Un misterio del Antiguo Egipto

Georgeos Díaz-Montexano

LUNA

Según fuentes egipcias, hace más de 4665 años, en tiempos del faraón Sanajt, también conocido como Nebka (circa 2682-2665 A.C.), algo extraordinario debió suceder con relación al campo gravitatorio de la tierra y la luna. Si tal noticia fuera cierta, tal evento cósmico debió causar un gran impacto en la tierra, incluso pudo haber provocado grandes catástrofes de tipo sísmico-tsunámicas, similares a la que se describe en textos griegos como causante de la desaparición de la Atlántida.

Según el historiador egipcio Manetón (siglo III A.C.), el evento cósmico sucedió en el reinado anterior al de Zoser (Netcher jchet – Dyeser), el faraón de la primera gran pirámide, la escalonada (2665-2645 A.C), por tanto, cuando reinaba Sanajt (Nebka), a quien Manetón llama Nejerojis y describe como el primer rey de la Tercera Dinastía. Hay tres versiones, pero sólo dos presentan unas pequeñas diferencias en cuanto a la descripción del mismo suceso: la versión de Africano y la armenia de Eusebio…

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Heródoto y la Atlántida – Georgeos Díaz-Montexano


Heródoto y la Atlántida

Georgeos Díaz-Montexano

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Heródoto (484 – 425 A.C.).

Dibujo de Ivana Quinteros, 2013.1

Uno de los argumentos falaces con los que los pseudoescépticos se llenan la boca cada vez que intentan desacreditar a la Atlántida, es que no existe ningún autor, ajeno a Platón, que se haya referido a la misma, que todos los que lo hicieron se basaron en los escritos de Platón. En el Tomo I de mi Epítome de la Atlántida Histórico-Científica2 demuestro la falsedad de ese argumento, mostrando otros autores que sin duda hablaron de una antigua y legendaria civilización Atlántica o de unos pueblos Atlantes, y sin dejar ni el más mínimo indicio de haber usado a Platón como fuente de información. Dicho de otro modo: autores cuyas fuentes de información serían totalmente ajenas a las de Platón, y por tanto, otras fuentes, otras tradiciones o variantes.

Otro argumento falaz de los pseudoescépticos sentencia que si la Atlántida hubiera realmente existido, alguien antes de Platón se habría referido a ella de algún modo. Pero, sin embargo, no existe ninguna referencia anterior a Platón… Esto es lo que sostienen. Pero se equivocan de nuevo, y lo demostraré en mi próximo libro (La Atlántida antes de Platón. Volumen primero de la serie de atlantología histórico-científica), el cual tratará justamente sobre las referencias anteriores a Platón que he hallado en fuentes griegas, fenicias, asirio-babilónicas y egipcias; aunque de estas últimas sólo habrá una selección menor, ya que las he reunido casi todas en el Tomo II del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica3, el cual dediqué exclusivamente a las fuentes egipcias, debido a su gran cantidad.

Aunque el libro no estará terminado hasta finales de julio, he decidido regalaros -a modo de adelanto- este artículo. Espero nos ayude a percatarnos de hasta qué punto muchas pruebas indiciarias y también evidencias, han estado ahí siempre, ante las narices de todos los pseudoescépticos (y de los que sí son verdaderos escépticos). Si las vieron, se las callaron deliberadamente, pues no pocas de estas pruebas indiciarias y evidencias fueron tergiversadas, manipuladas o mal traducidas de modo inexplicable. Lo que me lleva a pensar en algo totalmente intencionado de cara a disfrazar la evidencia.

El principal ejemplo que vamos a comentar en este artículo se halla nada menos que en el más célebre (aunque no el más riguroso y fidedigno) historiador de la Antigüedad Clásica, Heródoto de Halicarnaso (484 – 425 A.C.). El historiador jonio nos regaló, antes que Platón, una breve pero preciosa pista sobre la tradición preplatónica de la existencia de una isla o un archipiélago o una península y país que tenía el mismo nombre, Atlantis, que Solón había usado antes para referirse a la Atlántida. Esta referencia de Herótodo, cuando menos demuestra que la historia que Solón había traído de Egipto se basaba en una tradición que se tenía como una “historia verdadera”, o sea, de una lugar que realmente habría existido, o al menos eso se creían muchos griegos, tal como veremos en la referencia de Heródoto.

Es sabido que Heródoto habló de unos pueblos atlantes que vivían en los alrededores del Monte Atlas, en la  Libia occidental, con respecto a Egipto. Sabemos que tal monte se hallaría dentro de la cadena de montañas de la actual cordillera del Atlas que se expande desde la actual Túnez y Argelia hasta Marruecos. Pero lo que apenas es conocido, es que en otro pasaje el historiador halicarnasense nos ofrece una pista bastante clara -aunque indirecta- sobre la existencia de la Atlántida o cuando menos, de la existencia de una tradición sobre la misma entre los griegos.

Primero mostraremos la referencia tal como la han traducido todos los expertos académicos, y para ello bastará con un par de ejemplos, y después mostraremos, a través del texto griego formal (editado según los códices y manuscritos conservados), cómo es que en realidad la traducción ha sido ligeramente adulterada, en cuanto al verdadero significado de una palabra -pienso que de modo muy conveniente- para que no se notara justo lo que realmente evidencia la misma: una breve pero clara referencia a la existencia de la Atlántida, o al menos, a la creencia o tradición sobre su existencia en el Atlántico.

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1Ivana Quinteros, artista visual argentina y restauradora de Arte. http://nana-iq.blogspot.com.

2ATLANTIS <> TARTESSOS. www.AtlantidaHistorica.com.

3ATLANTIS – AEGYPTIUS CODEX. CLAVIS. Las fuentes primarias egipcias sobre la Atlántida. Epítome de la Atlántida Histórico-Científica. Tomo II. www.Atlantida.be

Heródoto y el misterioso sepulcro del Templo de Sais.


Georgeos Díaz-Montexano

Heródoto (484 – 425 A.C.). Dibujo de la artista visual argentina Ivana Quinteros, 2013.

Uno de los enigmas históricos que más me ha intrigado desde la primera vez que tuve en mis manos una edición de las Historias de Heródoto (cuando apenas comenzaba a salir de la adolescencia) es el de una misteriosa sepultura que describe Heródoto se hallaba en el Templo de Sais. Nunca he escrito sobre ello, porque la referencia es tan breve que no da para nada. Ni siquiera para un simple artículo. Cualquier cosa que se pueda decir sería mera especulación sin fundamento alguno. Pero cada cierto tiempo -de manera cíclica- me viene a la memoria, casi siempre cuando tengo que recurrir a Heródoto para verificar algún dato, o cada vez que leo un artículo o veo un vídeo sobre tumbas egipcias.

En vista de que hoy finalmente publicaré gratis el libro del que ayer os hablé, que resume un par de capítulos de mi próximo volumen de la serie de Atlantología Histórico-Científica, y que en este Heródoto será el personaje central de mi disertación, he sentido que debería compartir con vosotr@s este enigma o misterio, aunque no crea pueda ser solucionado alguna vez, teniendo en cuenta que del célebre templo de la diosa Neith (Atenea para los griegos y Minerva para los romanos), en Sais, apenas han quedado unos pocos cimientos y poco más. Pero, mejor pasemos a la enigmática referencia de Heródoto…

Hablando del templo de Neith en Sais, nos cuenta Heródoto lo siguiente:

“εἰσὶ δὲ καὶ αἱ ταφαὶ τοῦ οὐκ ὅσιον ποιεῦμαι ἐπὶ τοιούτῳ πρήγματι ἐξαγορεύειν τὸ οὔνομα ἐν Σάι, ἐν τῷ ἱρῷ τῆς Ἀθηναίης, ὄπισθε τοῦ νηοῦ, παντὸς τοῦ τῆς Ἀθηναίης ἐχόμεναι τοίχου…..” (Hdt. 2.170.1). 

“Hay en Saïs un enterramiento (o sepulcro) de una cosa (o un ser) que considero nefasto (o impío), y por tal motivo con referencia a la cosa (o criatura) no me es permitido revelar el nombre. Es en el templo de Atenea, detrás de la Nao, junto al muro del recinto…” (Heródoto, Historias; Hdt. 2.170.1. Traducción del autor).

Advierto que mi traducción difiere sólo en un par de palabras, que he visto que no han sido incluidas en las traducciones conocidas, o traducidas de un modo que no me parece correcto. Pero podéis comparar mi traducción con cualquier otra académica, de los tiempos modernos, y veréis que apenas es notable la diferencia, y que en esencia el misterio sigue siendo el mismo. Algo, una cosa o un ser que fue enterrado detrás de la Nao de la diosa Neith (Atenea o Minerva) junto al muro del recinto, y la identidad de ese ser, no se le permitió a Heródoto que lo mencionara.

La cuestión que considero realmente inquietante aquí, es que dicho ser haya sido referenciado por Heródoto como “alguna/alguno” “cualquier cosa”, “alguien”, “alguna cosa” (τοῦ)algunos traductores han preferido traducir como “personaje” y otros simplemente como “un ser” o “uno”. En fin, como quiera que sea, lo que a mi siempre me ha inquietado es que Heródoto no se refiera a este ser ni como rey ni como divinidad, ni siquiera como un ser humano concreto. Porque aunque se le hubiera prohibido mencionar su nombre, bien podría haberse referido al mismo como “cierto hombre” o “cierta mujer”. Pero recurrir a un término tan ambiguo como “alguna/alguno” “cualquier cosa”, “alguien”, “alguna cosa” (τοῦ), me resulta más que extraño…

En todas las descripciones de Heródoto, cada vez que habla de un sepulcro, enterramiento, o tumba de alguien, siempre especifica claramente si se trata de un rey o una divinidad, o cualquier ser humano. Pero aquí no lo hace. De hecho, es un caso único en toda su obra, en los nueve libros que componen sus Historias.

Pero, además, Heródoto deja claro que ese ser -que no identifica con alguien humano ni con una divinidad- no es un ser santo o sagrado (τοῦ οὐκ ὅσιον ποιεῦμαι), sino todo lo contrario, un ser impío o nefasto, un ser impuro. Entonces ¿qué ser o criatura podría ser esa que siendo impura, impía o nefasta, un ser que no era santo o sagrado, aún así lo enterraron justo detrás de la Nao o Santuario de la diosa Neith? ¿Qué tendría de especial ese ser impío o nefasto que no es identificado ni con un dios ni con un ser humano como para que aún así, se decidiera enterrar junto a la Nao de la misma Neith, la diosa patrona de la ciudad de Sais?

La diosa Neith, diosa principal de la ciudad de Sais. Identificada con Atenea por los griegos y Minerva por los romanos.

Sabéis que no soy partidario de ningún tipo de hipótesis sobre extraterrestres ni otro tipo de cosas extrañas, porque hasta la fecha no he conocido aún ninguna evidencia verdadera que me haga considerar como factibles tales hipótesis. Pero no me parecería tampoco honesto -intelectualmente- ni acorde a mis principios sobre la búsqueda de la verdad, esté donde esté, sea cual sea y caiga quien caiga, el quedarme callado cuando hallo algo en los textos antiguos que plantea un reto a nuestro entendimiento y razón. Y este es un buen caso de ello. Sé que muchos de vosotros disfrutaréis con esta historia de Heródoto. Porque, de hecho, es referenciado como una historia o hecho, no como un mito o leyenda, y no tenemos motivo alguno para pensar que es una mera invención de Heródoto. Imagino a más de uno que ya estará pensando hasta en la posibilidad de que se tratara de un nosferatus o vampiro. Más aún cuando la misma voz (ταφή) fue usada también para denominar el “sarcófago” y la verdad que eso de un ser impío o nefasto,  un “no santo” un impuro, recuerda mucho a las típicas historias sobre vampiros… Aunque aclaro que no creo en vampiros. Por si algún escéptico se confunde con este escrito y saca la falsa conclusión de que creo en vampiros y extraterrestres. Sencillamente expongo una historia, un hecho, y como suele decirse, que cada cual saque sus propias conclusiones…

En fin, que esto es un regalo para quienes gustan de este tipo de historias misteriosas, y creen en la posibilidad de intervenciones de extraterrestres en el pasado… Y para los escritores de novelas de misterio, terror y vampiros, que tan de moda están últimamente, creo que aquí pueden hallar un buen motivo de inspiración para una fascinante novela de vampiros en el Antiguo Egipto.

¿Mi opinión? Sinceramente, ninguna. No tengo ni la menor idea de qué podría ser ese extraño ser impío o nefasto (no santo o no sagrado) que no es descrito ni como dios ni como rey, y que estaba prohibido hasta mencionarlo siquiera… Pero lo que sí sé, es que no creo que lleguemos a saberlo algún día…

 

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Georgeos Díaz-Montexano: www.AtlantidaHistorica.com

Ivana Quinteros: http://nana-iq.blogspot.com

Fuente(1) Heródoto y el misterioso sepulcro del Templo de Sais..