Heródoto y el misterioso sepulcro del Templo de Sais.


Georgeos Díaz-Montexano

Heródoto (484 – 425 A.C.). Dibujo de la artista visual argentina Ivana Quinteros, 2013.

Uno de los enigmas históricos que más me ha intrigado desde la primera vez que tuve en mis manos una edición de las Historias de Heródoto (cuando apenas comenzaba a salir de la adolescencia) es el de una misteriosa sepultura que describe Heródoto se hallaba en el Templo de Sais. Nunca he escrito sobre ello, porque la referencia es tan breve que no da para nada. Ni siquiera para un simple artículo. Cualquier cosa que se pueda decir sería mera especulación sin fundamento alguno. Pero cada cierto tiempo -de manera cíclica- me viene a la memoria, casi siempre cuando tengo que recurrir a Heródoto para verificar algún dato, o cada vez que leo un artículo o veo un vídeo sobre tumbas egipcias.

En vista de que hoy finalmente publicaré gratis el libro del que ayer os hablé, que resume un par de capítulos de mi próximo volumen de la serie de Atlantología Histórico-Científica, y que en este Heródoto será el personaje central de mi disertación, he sentido que debería compartir con vosotr@s este enigma o misterio, aunque no crea pueda ser solucionado alguna vez, teniendo en cuenta que del célebre templo de la diosa Neith (Atenea para los griegos y Minerva para los romanos), en Sais, apenas han quedado unos pocos cimientos y poco más. Pero, mejor pasemos a la enigmática referencia de Heródoto…

Hablando del templo de Neith en Sais, nos cuenta Heródoto lo siguiente:

“εἰσὶ δὲ καὶ αἱ ταφαὶ τοῦ οὐκ ὅσιον ποιεῦμαι ἐπὶ τοιούτῳ πρήγματι ἐξαγορεύειν τὸ οὔνομα ἐν Σάι, ἐν τῷ ἱρῷ τῆς Ἀθηναίης, ὄπισθε τοῦ νηοῦ, παντὸς τοῦ τῆς Ἀθηναίης ἐχόμεναι τοίχου…..” (Hdt. 2.170.1). 

“Hay en Saïs un enterramiento (o sepulcro) de una cosa (o un ser) que considero nefasto (o impío), y por tal motivo con referencia a la cosa (o criatura) no me es permitido revelar el nombre. Es en el templo de Atenea, detrás de la Nao, junto al muro del recinto…” (Heródoto, Historias; Hdt. 2.170.1. Traducción del autor).

Advierto que mi traducción difiere sólo en un par de palabras, que he visto que no han sido incluidas en las traducciones conocidas, o traducidas de un modo que no me parece correcto. Pero podéis comparar mi traducción con cualquier otra académica, de los tiempos modernos, y veréis que apenas es notable la diferencia, y que en esencia el misterio sigue siendo el mismo. Algo, una cosa o un ser que fue enterrado detrás de la Nao de la diosa Neith (Atenea o Minerva) junto al muro del recinto, y la identidad de ese ser, no se le permitió a Heródoto que lo mencionara.

La cuestión que considero realmente inquietante aquí, es que dicho ser haya sido referenciado por Heródoto como “alguna/alguno” “cualquier cosa”, “alguien”, “alguna cosa” (τοῦ)algunos traductores han preferido traducir como “personaje” y otros simplemente como “un ser” o “uno”. En fin, como quiera que sea, lo que a mi siempre me ha inquietado es que Heródoto no se refiera a este ser ni como rey ni como divinidad, ni siquiera como un ser humano concreto. Porque aunque se le hubiera prohibido mencionar su nombre, bien podría haberse referido al mismo como “cierto hombre” o “cierta mujer”. Pero recurrir a un término tan ambiguo como “alguna/alguno” “cualquier cosa”, “alguien”, “alguna cosa” (τοῦ), me resulta más que extraño…

En todas las descripciones de Heródoto, cada vez que habla de un sepulcro, enterramiento, o tumba de alguien, siempre especifica claramente si se trata de un rey o una divinidad, o cualquier ser humano. Pero aquí no lo hace. De hecho, es un caso único en toda su obra, en los nueve libros que componen sus Historias.

Pero, además, Heródoto deja claro que ese ser -que no identifica con alguien humano ni con una divinidad- no es un ser santo o sagrado (τοῦ οὐκ ὅσιον ποιεῦμαι), sino todo lo contrario, un ser impío o nefasto, un ser impuro. Entonces ¿qué ser o criatura podría ser esa que siendo impura, impía o nefasta, un ser que no era santo o sagrado, aún así lo enterraron justo detrás de la Nao o Santuario de la diosa Neith? ¿Qué tendría de especial ese ser impío o nefasto que no es identificado ni con un dios ni con un ser humano como para que aún así, se decidiera enterrar junto a la Nao de la misma Neith, la diosa patrona de la ciudad de Sais?

La diosa Neith, diosa principal de la ciudad de Sais. Identificada con Atenea por los griegos y Minerva por los romanos.

Sabéis que no soy partidario de ningún tipo de hipótesis sobre extraterrestres ni otro tipo de cosas extrañas, porque hasta la fecha no he conocido aún ninguna evidencia verdadera que me haga considerar como factibles tales hipótesis. Pero no me parecería tampoco honesto -intelectualmente- ni acorde a mis principios sobre la búsqueda de la verdad, esté donde esté, sea cual sea y caiga quien caiga, el quedarme callado cuando hallo algo en los textos antiguos que plantea un reto a nuestro entendimiento y razón. Y este es un buen caso de ello. Sé que muchos de vosotros disfrutaréis con esta historia de Heródoto. Porque, de hecho, es referenciado como una historia o hecho, no como un mito o leyenda, y no tenemos motivo alguno para pensar que es una mera invención de Heródoto. Imagino a más de uno que ya estará pensando hasta en la posibilidad de que se tratara de un nosferatus o vampiro. Más aún cuando la misma voz (ταφή) fue usada también para denominar el “sarcófago” y la verdad que eso de un ser impío o nefasto,  un “no santo” un impuro, recuerda mucho a las típicas historias sobre vampiros… Aunque aclaro que no creo en vampiros. Por si algún escéptico se confunde con este escrito y saca la falsa conclusión de que creo en vampiros y extraterrestres. Sencillamente expongo una historia, un hecho, y como suele decirse, que cada cual saque sus propias conclusiones…

En fin, que esto es un regalo para quienes gustan de este tipo de historias misteriosas, y creen en la posibilidad de intervenciones de extraterrestres en el pasado… Y para los escritores de novelas de misterio, terror y vampiros, que tan de moda están últimamente, creo que aquí pueden hallar un buen motivo de inspiración para una fascinante novela de vampiros en el Antiguo Egipto.

¿Mi opinión? Sinceramente, ninguna. No tengo ni la menor idea de qué podría ser ese extraño ser impío o nefasto (no santo o no sagrado) que no es descrito ni como dios ni como rey, y que estaba prohibido hasta mencionarlo siquiera… Pero lo que sí sé, es que no creo que lleguemos a saberlo algún día…

 

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Georgeos Díaz-Montexano: www.AtlantidaHistorica.com

Ivana Quinteros: http://nana-iq.blogspot.com

Fuente(1) Heródoto y el misterioso sepulcro del Templo de Sais..

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5 comentarios en “Heródoto y el misterioso sepulcro del Templo de Sais.”

  1. Son muy interesantes sus investigaciones sobre la Atlántida, no es de extrañar que hubiera una raza atlante teniendo en cuenta que muchas culturas antiguas hablan de que somos otra raza más, de las 5 o 6 que han poblado este planeta durante cientos de miles de años, hay están las galerías subterráneas que redescubrió Juan Moricz en Ecuador que conectan toda Sudamérica (lugar en el que por cierto algunos autores sitúan a la famosa civilización; como Jim Allen o Roberto Benítez) y donde se pueden encontrar estructuras megalíticas talladas por no se sabe quién, pero que evidentemente no han sido hechas por la naturaleza. Pero no es ese el propósito de este largo comentario, sino señalar otra parte de la Historia de Heródoto que a mí particularmente me sorprende más, y pongo un trozo del “Libro I Clío” para terminar:

    “Pues bien, Licas, uno de estos hombres, encontró la tumba en Tegea, merced en parte a una casualidad, en parte a su perspicacia. Como a la sazón existían relaciones con los tegeatas, entró en una fra­gua, se puso a observar cómo se forjaba el hierro y quedó impresionado al ver lo que se hacía. Entonces el herrero, al advertir su asombro, le dijo interrum­piendo su faena: «A fe mía, extranjero laconio, que si hubieses visto lo mismo que yo te hubieras sor­prendido sumamente, dado que ahora tanta admira­ción te produce el trabajo del hierro. Resulta que, con el propósito de abrir un pozo en este patio, me puse a cavar y me topé con un ataúd de siete codos; como no creía que hubieran existido jamás hombres más altos que los de ahora, lo abrí y vi que el cadáver era tan grande como el ataúd. Así que lo medí y lo
    volví a enterrar».

    Siete codos: 3,15 m.

    PD: Y algunos ahora dirían, buenooo… si tenemos que creer en lo que dice Heródoto, en fin “ladran Sancho…”

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  2. No hay que buscar cosas raras en la antiguedad, tipo extraterrestres o nosferatus. A lo que Herodoto probablemente se refería en este pasaje es a algo que para él era impío o nefasto, pero que para los egipcios era algo normal y sagrado. Podía ser, por ejemplo, un lugar de enterramiento de ofrendas de penes o falos de animales sacrificados a la diosa.

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    1. Sr. Salar: Agradezco su opinión, sin embargo, deduzco de la misma que no ha leído el artículo hasta el final, de lo contrario no me habría escrito este mensaje. Le invito a que lo lea completo, y verá cómo no era necesario hacerme esta puntualización, porque en ningún momento yo “busco cosas raras en la antigüedad, tipo extraterrestres o nosferatus”, sino que solo lo expongo como algo en lo que seguro más de uno pensaría, pero aclaro que no yo, que no creo ni en extraterrestres ni en vampiros. Solo lo comento porque la descripción se presta a pensar en ello, sobre todo en un vampiro o nosferatus, de acuerdo a la literatura clásica sobre este tipo de ser fantástico.

      Tampoco se justifica lo que usted dice: “Herodoto probablemente se refería en este pasaje es a algo que para él era impío o nefasto, pero que para los egipcios era algo normal y sagrado. Podía ser, por ejemplo, un lugar de enterramiento de ofrendas de penes o falos de animales sacrificados a la diosa.” No se justifica por la sencilla razón que el texto griego no permite pensar en “varios seres o cosas” (como penes o falos de animales o de lo que sea), el texto es claro en cuanto a que habla de un un solo ser o cosa (en singular), cuyo nombre no le era permitido ni siquiera mencionar.

      Se habla de la tumba de un ser o cosa que era nefasto o impío, no de un conjunto de cosas o de seres.

      Espero que ahora relea el artículo y lo comprenda mejor…

      En cualquier caso, gracias por su interés.

      Un cordial saludo,
      Georgeos

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  3. Así como existen dioses también existe lo opuesto que son los demonios. Ese ser nefasto o impío podría ser un demonio, ¿o no? ¿Y por qué no se le puede mencionar? Porque el verbo es poderoso y al nombrarlo lo estaríamos llamando. Hay cosas en este universo que es mejor no conocerlas, no porque no tengamos el derecho sino porque no estamos preparados espiritualmente para lidar con ellas.

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