(Versión íntegra del artículo con imágenes y video) ¿LA ATLÁNTIDA EN UN MAPA RUPESTRE TARTÉSICO Y EN PAPIROS EGIPCIOS DE HACE CUATRO MIL AÑOS?


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(Versión íntegra del artículo con imágenes y video) ¿LA ATLÁNTIDA EN UN MAPA RUPESTRE TARTÉSICO Y EN PAPIROS EGIPCIOS DE HACE CUATRO MIL AÑOS?


Un escritor especializado en atlantología histórica cree haber descubierto evidencias cartográficas egipcias y tartésicas con posible representación de la isla Atlantis

Fuente: Mari Paz Díaz, Huelva Buenas Noticias.

Georgeos Díaz-Montexano
Georgeos Díaz-Montexano ha escrito una treintena de publicaciones sobre esta civilización. Estudios donde se pone de manifiesto que existen posibles evidencias submarinas de esta cultura en las costas de Cádiz y Huelva, además de haber encontrado relación entre la leyenda sobre la Atlántida y el río Tinto.

«Ya hace más de quince años que tuve el privilegio de conocer a Georgeos Díaz-Montexano gracias a una conferencia que realizó en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona en la que nos deleitó a todos con la exposición de sus teorías sobre la Atlántida. A partir de ese momento no sólo he seguido sus incansables y eruditas investigaciones, sino que estoy en deuda con él pues constituye todo un modelo de investigación seria y disciplinada, unida a un celo didáctico en la exposición que hace de sus escritos toda una exquisitez» – Dr. Antonio Morillas, profesor en la Escola Augusta, y presidente de AGON. Grupo de Estudios Filosóficos.

El mito de la Atlántida sigue generando interés, especialmente a raíz de la aparición de nuevos estudios que revelan que la enigmática civilización podría haberse hallado cercana a tierras onubenses.

En esta ocasión, Huelva Buenas Noticias se acerca a los estudios realizados por Georgeos Díaz-Montexano, un investigador nacido en Cuba, aunque de padres y ancestros españoles, que ha dedicado su vida a indagar sobre la legendaria Atlántida.

Díaz-Montexano estudió Arqueología y Antropología entre finales de los 80 y principios de los 90 a través de cursos de formación especializada de la SEC, sociedad científica de estudios de espeleología, arqueología y antropología, adscrita a la Academia de Ciencias de Cuba. En septiembre de 1992, tal como consta en el certificado, The Epigraphic Society, sociedad científica radicada en EE.UU -fundada por varios doctores y profesores de Harvard University y otras instituciones de renombre- decidió concederle un reconocimiento honorífico como «Member Accepted» por sus descubrimientos e investigaciones de inscripciones prehistóricas, siendo entonces presidente el Dr. Norman Totten y Presidente Emeritus el Dr. Barry Fell.

En 1994 se trasladó a España. Un año después fundó la revista “Arqueología y Enigmas de la Historia”, a la que le siguieron “Arqueología Sin Fronteras”, “ArqueoHistoria”, “Canaán: revista de Arqueología Bíblica”, y la primera revista de egiptología en castellano de distribución en kioscos y librerías de España y América llamada “La Esfinge. Revista de Egiptología”, además de fundar “Osiris. Revista de Egiptología”. A estas revistas también se une el hecho de que entre 1995 y 1998 fue autor y editor del primer curso que se distribuyó de modo seriado por fascículos para aprender a leer jeroglíficos egipcios en lengua castellana.

Pero si existe un matiz que llame la atención de Georgeos Díaz-Montexano es que desde hace más de veinte años está dedicado a investigar el mito o leyenda de la Atlántida a través de las fuentes históricas, especialmente desde antiguos códices, papiros y manuscritos escritos en griego, latín, árabe y egipcio, sin olvidar los textos del Timeo y el Critias de Platón, pero a través de la tradición manuscrita de los mismos, es decir, estudiando directamente todos los códices y manuscritos escritos en griego que se conservan sobre estos dos célebres diálogos de Platón. «Mi gran pasión es pues el estudio del origen de las antiguas civilizaciones, la evolución del lenguaje, los mitos y la filosofía», según apunta este investigador. Y, en este sentido, puntualiza que «mi principal logro es haber sido el primer investigador en hacer un estudio paleográfico y lexicológico de la historia de la Atlántida sobre las fuentes primarias escritas en griego, latín, egipcio, fenicio, árabe, asirio-babilónico y sánscrito, entre otras».

El origen de su fascinación por la Atlántida surge a los 14 años de edad. Entonces descubrió a Platón, quien le introdujo en esta «civilización desaparecida, siempre envuelta en ese halo de misterio, entre leyenda y realidad».

Metrópolis de Atlantis, según descripción en el Critias de Platón. Pintura de Monik Perz.
Metrópolis de Atlantis, según descripción en el Critias de Platón. Pintura de Monik Perz.

Es más, en un principio, este español de adopción asegura que se encontraba entre los escépticos que creían la versión de que la Atlántida no existió, sino que fue un mito inventado por Platón para justificar sus ideas político-filosóficas, pues «algunos detalles que leía en el Timeo y el Critias no hacían más que convencerme de ello, pues una Atlántida tan desarrollada como una gran civilización del Bronce y que se hundió bajo el mar nada menos que unos 9.000 años antes de la visita de Solón a Sais, o sea, hace casi unos 12.000 años, cuando la mayoría de los seres humanos se hallaban aún en la Edad de Piedra, me ofrecía muy poca credibilidad», afirma Georgeos, «menos aún, que tan avanzada civilización -para esos tiempos- hubiera estado en el medio del Océano Atlántico en una gigantesca isla tan grande como un mega-continente y lejos del entorno del Mediterráneo, donde sabemos que mucho tiempo después florecieron las primeras grandes civilizaciones de la Antigüedad».

Sin embargo, su percepción cambió un día cuando descubrió casi por casualidad, mientras investigaba otro tema de filología clásica, una copia de unos viejos códices del Timeo y el Critias de Platón en griego bizantino, donde pudo constatar que las traducciones realizadas del texto tenían “incongruencias”, con algunos errores “muy graves”. Fue en aquellos errores donde encontró la clave, ya que hasta entonces las traducciones presentaban “una Atlántida imposible” que venían a refrendar la tesis oficial o académica, que asegura que se trata de un mito. Por este motivo, a partir de este descubrimiento «me dediqué de lleno –con el tiempo ya en cuerpo y alma- a la investigación de la Atlántida».

Sus estudios, además, los ha llevado a cabo desde una perspectiva novedosa, nunca antes realizada por ningún otro atlantólogo, el estudio de la tradición manuscrita de los textos del Timeo y el Critias de Platón (papiros, códices y manuscritos escritos en griego, latín y árabe) conservada desde la antigüedad tardía hasta la Edad Media. Es decir, no sólo utilizando las fuentes primarias de tradición platónica, sino también estudios de otros autores anteriores y posteriores.

Una de las principales conclusiones del estudio de tales fuentes primarias es que tanto el enorme tamaño de la Atlántida, el hallarse en medio del Océano, como el haberse hundido hace casi 12000 años, no eran más que errores de interpretación o traducción. Al leer directamente los códices y manuscritos, «la Atlántida como una verdadera civilización histórica comenzó a ser ya cada vez más creíble», explica este investigador. Hasta el momento, Georgeos Díaz-Montexano lleva publicado una treintena de libros sobre el tema, tanto impresos como en formato Kindle de Amazon.

Sus investigaciones miran de una forma novedosa los textos del Timeo y el Critias de Platón. Dibujo: Monik Perz.
Sus investigaciones miran de una forma novedosa los textos del Timeo y el Critias de Platón. Dibujo: Monik Perz.

Tras todas estas publicaciones e investigaciones paleográficas y lexicológicas, Georgeos asegura que no está en condiciones de poder afirmar, desde el punto de vista arqueológico, que la Atlántida haya existido, si bien «la mayoría de los antiguos autores, tanto griegos, romanos, egipcios y árabes, aseguran que sí existió».

Su teoría es que, en caso de haber existido, sería una isla con una ciudad concéntrica circular que estaría situada en el Atlántico, ante la boca del estrecho de las Columnas de Hércules (Gibraltar) y próxima a Gadeira (Gades o Cádiz), entre Iberia, Marruecos y las islas Madeira. Por ello, su ubicación no sería exactamente en terrenos de la actual provincia de Huelva, pero restos de la región norte de la isla se hallarían cerca, aunque debajo del mar.

Esta teoría ya la defendía desde 1994, como se puede constatar en varios artículos publicados en las revistas ‘Arqueología y Enigmas de la Historia’ y ‘Arqueología Sin Fronteras’, y en un monográfico de Arte Rupestre Mundial de 1996, y en una entrevista radial de 1995 realizada por el periodista Miguel Blanco. Años después, el filólogo vallisoletano, Jorge María Ribero-Meneses Lázaro-Cano (Valladolid, 1945) se puso en contacto con Georgeos Díaz-Montexano justo tras haber conocido de sus publicaciones en tales revistas. Gentilmente, Ribero-Meneses Lázaro-Cano se ofreció para colaborar, y así surgió un monográfico escrito casi por completo por el filólogo vallisoletano y dedicado a Iberia como cuna de la humanidad.

Las ideas de Ribero-Meneses sobre que la Atlántida era en realidad toda Iberia calaron en Díaz-Montexano, quien empezó a decantarse por esta hipótesis, especialmente al comprobar cómo dicha hipótesis en realidad era ya bastante antigua y había sido defendida por el célebre cronista español José Pellicer de Ossau Salas y Tovar en 1673 en su “Aparato a la Monarquía de las Españas”, donde dedicó un extenso comentario para proponer dicha hipótesis de que la Atlántida era toda la península ibérica. Así, en un monográfico publicado en el 2000, Díaz-Montexano reconoció su inclinación hacia esta hipótesis y el papel que había jugado en tal orientación el mismo Ribero-Meneses, pero poco después, en cuanto logró acceder a mayor cantidad de manuscritos y códices antiguos del Timeo y el Critias, y de los restantes autores que se refirieron a la Atlántida, entre otras fuentes primarias epigráficas y cartográficas, no le quedó más remedio que retomar la hipótesis original que defendía desde 1994, que la Atlántida era una isla situada justo delante del estrecho, en el espacio que se extiende entre Iberia, Marruecos, Madeira y Canarias, pero muy próxima -por su parte nordeste– a las costas de Huelva y Cádiz.

También Ribero-Meneses cambió su idea sobre la hipótesis de Pellicer de Ossau Salas y más tarde terminó convenciéndose de que la isla Atlantis era en realidad una montaña submarina conocida como el Cachucho de 4500 metros de altitud situada frente a las costas de Asturias y cuya cima se halla entre los 600 y 450 metros de profundidad. Así, mientras el atlantólogo hispanocubano piensa que podrían hallarse parte de sus restos bajo las aguas cercanas a las costas de Cádiz y Huelva, el filólogo vallisoletano cree que la isla Atlántida se halla bajo las aguas de las costas asturianas sobre la cima del citado monte submarino del Cachucho. Un análisis sobre las hipótesis de ambos autores puede verse en el artículo: «Comparativa de las teorías sobre la Atlántida de dos atlantólogos hispanos: Jorge María Ribero-Meneses Lázaro y Georgeos Díaz-Montexano»

Según Georgeos Díaz-Montexano, es mejor hablar «de Atlantes o pueblos Atlánticos como poblaciones generacionales, cronológicamente situadas entre los algarvio-onubenses del Neolítico y los tartessios del Bronce». Estas aportaciones fueron presentadas por este autor en el verano de 2003 en la UNESCO, después de posibles hallazgos arqueológicos realizados de manera casual por buzos y pescadores en aguas cercanas a Huelva y Cádiz, que fueron ratificados por expertos a nivel internacional en arqueología subacuática o submarina, como son los doctores Cemal Pulak y George F. Bass, quienes «no pudieron determinar a qué civilización pertenecían, pero sí expresaron su conformidad con nosotros en que no eran meras rocas naturales o formaciones geológicas, sino auténticos sillares construidos artificialmente por el hombre, así como monolitos en forma de columnas».

«La cuestión es que no basta con hallar posibles evidencias arqueológicas, hay que conseguir algo que es mucho más difícil: convencer a la comunidad científica internacional de que lo que ha sido descubierto puede ser interpretado como posibles restos de la Atlántida», explica.

En el reciente documental de National Geographic presentado por el judíoamericano Dr. Richard Freund, los doctores Claudio Lozano y Juan Antonio Morales de la Universidad de Huelva intentaron hallar evidencias a partir de su informe para la UNESCO de 2003, «aunque dieron con unas formaciones que no se corresponden con las de nuestro informe», aclara Georgeos.

Símbolo idéntico al esquema urbanístico de la metrópolis circular concéntrica de Atlantis en una vasija de cerámica de finales de la Edad del Bronce y principios del Hierro hallada en Jaén, no muy lejos de la ciudad (macro-aldea) circular concéntrica descubierta en la parte norte de la ciudad, en el barrio de Marroquíes Bajos. Georgeos Díaz fue el primero en descubrir -hace quince años- la similitud del patrón o diseño de la planta urbanística de dicha ciudad con el descrito para la metrópolis o capital de la Atlántida. El mismo patrón cuyo esquema simplificado vemos en esta vasija tartessio-turdetana hallada en Jaén y en otras halladas en el Carambolo, Sevilla, y otros puntos de la península, también identificadas como posible símbolo atlante por Díaz-Montexano. Un posible recuerdo de la misma ciudad concéntrica de Marroquíes Bajos, y esta, a su vez, quizás una de las ciudades más importantes de los enigmáticos pueblos atlánticos en el interior de Andalucía.
Símbolo idéntico al esquema urbanístico de la metrópolis circular concéntrica de Atlantis en una vasija de cerámica de finales de la Edad del Bronce y principios del Hierro hallada en Jaén, no muy lejos de la ciudad (macro-aldea) circular concéntrica descubierta en la parte norte de la ciudad, en el barrio de Marroquíes Bajos. Georgeos Díaz fue el primero en descubrir -hace quince años- la similitud del patrón o diseño de la planta urbanística de dicha ciudad con el descrito para la metrópolis o capital de la Atlántida. El mismo patrón cuyo esquema simplificado vemos en esta vasija tartessio-turdetana hallada en Jaén y en otras halladas en el Carambolo, Sevilla, y otros puntos de la península, también identificadas como posible símbolo atlante por Díaz-Montexano. Un posible recuerdo de la misma ciudad concéntrica de Marroquíes Bajos, y esta, a su vez, quizás una de las ciudades más importantes de los enigmáticos pueblos atlánticos en el interior de Andalucía.

En el informe presentado a la UNESCO en 2003 por este investigador, basado en los análisis de varios geólogos y arqueólogos, algunos de los sillares o losas de piedra bien talladas llevan en su centro una especie de gran Tau o abertura en forma de T. Aún así, serían anclas de piedras muy atípicas y no conocidas hasta la fecha. También se hallaron monolitos en forma de columnas y menhires, restos de posibles muros de edificación, objetos de cobre y grandes piedras circulares semejantes a ruedas de molino, en profundidades que oscilan entre los -17 a -40 metros, lo que en principio descartaría cualquier asentamiento romano o de la Edad del Hierro. Es decir, los restos serían anteriores, como mínimo de finales de la Edad del Bronce, aunque puede que del Calcolítico.

Estas evidencias submarinas han sido halladas en varios puntos cercanos a las costas de Cádiz y Huelva, o sea, la misma área descrita por Platón como el comienzo de la isla Atlántida por delante de la boca de las Columnas de Hércules. A este respecto, según Georgeos, en antiguos textos egipcios escritos en mapas de entre 4000 y 3000 años donde se observa una isla delante de un estrecho o canal situado en el remoto Occidente (Amenti), en un «inmenso e infinito mar verde azulado de aguas frías», como reza en los mismos, en la parte que correspondería a las costas de Huelva, «a veces aparece un revelador texto donde se nombra a un río como el canal o río de la Plata o ‘La Brillante’, donde no existen peces de ningún tipo, y ni siquiera culebras o serpientes». Tal lugar podría ser el mismo río Tinto, que ya entonces estaría afectado por la extracción de minerales que impide la vida animal, al menos la visible.

El autor relaciona un río cercano a la Atlántida mencionado en mapas y textos egipcios con el río Tinto.
El autor relaciona un río cercano a la Atlántida mencionado en mapas y textos egipcios con el río Tinto.

En este sentido, Díaz-Montexano considera que también se han hallado evidencias claras de varios eventos catastróficos que combinaron terremotos y tsunamis sucedidos en distintas fechas y que encajan con el verdadero margen de tiempo establecido para el fin de Atlantis. En concreto, sobre la cronología de la civilización atlántica, este investigador explica que aunque sus orígenes podrían remontarse hasta hace unos 11.580 años, «su final catastrófico parece haber sucedido en una fecha más reciente, ya en la Edad del Bronce, entre el 2600 y el 1550 a. C., de acuerdo a los datos que claramente se ofrecen en el relato que Solón había traído de Egipto y que Platón usó para el Critias, y donde se puntualiza, en varias ocasiones, que el final catastrófico aconteció cuando ya habían pasado muchas generaciones, y mucho tiempo, desde la fundación de Atlantis, la cual sucedió 9000 años antes de la estancia de Solón en Egipto, fecha que ha sido erróneamente confundida con la del final de la civilización».

También se han hallado evidencias sobre la representación del símbolo circular concéntrico semejante al esquema o planta urbanística de la metrópolis de Atlantis en cerámicas, en estelas funerarias y en el arte rupestre, desde el Calcolítico hasta finales de la Edad del Bronce y principios del Hierro, y por casi toda Iberia. Al respecto, apunta Díaz-Montexano que «el caso más espectacular ha sido el descubrimiento reciente que hice de lo que considero una escena de la misma tradicióon sobre la Atlántida representada en roca, al aire libre, en un lugar del territorio de influencia de Tartessos, no muy lejos de Cancho Roano, donde vemos no sólo la ciudad de Atlantis con sus anillos concéntricos y barcos entrando en ella, sino también caballos y toros, los dos animales más emblemáticos y tributos del dios de los Atlantes, Poseidón». Al parecer, este mural podría datarse hacia el 1300 a. C. «a juzgar por algunos de los tipos de barcos con akroterión en forma de ánade, idénticos a los barcos de los ‘Pueblos del Mar’». El hallazgo fue realizado por arqueólogos funcionarios de Extremadura, pero el descubrimiento y la identificación de lo que se observa en tales grabados, en cuanto a que se trataría de un posible mapa rupestre de época tartésica en el que se representaría la península Ibérica, el Estrecho de Gibraltar, parte de Marruecos, y una gran isla delante del estrecho, que solo podría ser la misma de la tradición sobre la Atlántida, ha sido realizado y publicado por Georgeos Díaz-Montexano.

Interpretación y coloroeado del mapa rupestre hallado en Badajoz, en pleno territorio tartésico, no muy lejos de Cancho Roano, que ha sido datado hacia los siglos XIV o XIII a. C., por los tipos de barcos.
Interpretación y coloroeado del mapa rupestre hallado en Badajoz, en pleno territorio tartésico, no muy lejos de Cancho Roano, que ha sido datado hacia los siglos XIV o XIII a. C., por los tipos de barcos.

Detalles e interpretación del mapa rupestre hallado en Badajoz, no muy lejos de Cancho Roano, con isla delante de lo que sería el estrecho de Gibraltar, frente a Iberia y Marruecos, con un símbolo de la posible ciudad circular concéntrica de Atlantis, con canales y barcos navegando dentro. La foto de abajo está girada 90º a la derecha.
Detalles e interpretación del mapa rupestre hallado en Badajoz, no muy lejos de Cancho Roano, con isla delante de lo que sería el estrecho de Gibraltar, frente a Iberia y Marruecos, con un símbolo de la posible ciudad circular concéntrica de Atlantis, con canales y barcos navegando dentro. La foto de abajo está girada 90º a la derecha.

Con esta base, este investigador está pendiente de poder realizar una expedición en aguas marinas cercanas al Golfo de Cádiz con un equipo científico compuesto por arqueólogos, historiadores y geólogos y los debidos permisos oficiales, para buscar las posibles ruinas de una ciudad sumergida que podría pertenecer a la misma capital de Atlantis. Pero considera que es quizás «la tarea más difícil de todas», ante la abundancia de literatura pseudocientífica existente al respecto que ha contaminado la cuestión de la Atlántida con una muy mala imagen. «Así pues, el problema principal no sería en este caso la financiación, sino el poder reunir un equipo de expertos titulados como los que exige la ley de Patrimonio y la convención de la UNESCO que estén dispuestos a participar en tal expedición».

Georgeos Díaz-Montexano ha publicado dos voluminosos tomos con más de 1200 páginas que conforman un epítome que resume seis volúmenes de la serie de Atlantología Histórico-Científica, ilustrados por la premiada artista visual bonarense Monik Perz, y que pretende ser como una pequeña enciclopedia sobre la Atlántida desde un enfoque histórico-científico. «Siempre recomiendo al lector interesado en estas investigaciones estos dos libros donde se exponen muchos de estos descubrimientos e hipótesis, con casi medio centenar de nuevas evidencias, mapas antiguos y medievales donde se aprecia una isla de considerable tamaño situada justo delante de la boca atlántica de Gibraltar, rozando las costas de Huelva y Cádiz y ocupando todo el espacio del golfo y/o mar entre Iberia y Marruecos, tal y como describe Platón, pero se puede comenzar con mi libro más reciente en edición Kindle que se halla ahora en Amazon y es un buen compendio o selección de una treintena de libros que ya he publicado sobre la Atlántida», concluye Georgeos. Sus principales aportaciones, asegura, son «seguir el rastro de la historia de la Atlántida y hasta de la misma Tartessos a través de fuentes primarias egipcias, tanto escritas como cartográficas, entre otras antiguas fuentes epigráficas y petroglíficas».

Último libro de Georgeos Díaz-Montexano donde resume las evidencias más significativas que sobre la Atlántida ha venido publicando en una treintena de libros y cientos de artículos en los últimos viente años.
Último libro (solo en formato impreso) de Georgeos Díaz-Montexano donde resume las evidencias más significativas que sobre la Atlántida ha venido publicando en una treintena de libros y cientos de artículos en los últimos veinte años.

Sobre su obra intelectual comenta el Dr. César Guarde de la Universidad de Barcelona: «La obra intelectual de Georgeos Díaz-Montexano, Atlántida Histórico-Científica no brilla única y solitariamente por esta independencia de pensamiento, finura metodológica y defensa de la verdad, “sea cual sea y caiga quien caiga”, sino que transluce, ante todo, frescura y autoridad, dos características a menudo excluyentes. El lector interesado en leer qué nos dijeron exactamente Platón y otros autores en relación a la Atlántida y qué posibles evidencias de su existencia sobreviven hasta nuestros días, perdidas en textos y olvidadas en museos, no puede dejar pasar la ocasión de sumergirse entre sus deliciosas páginas. Descubrirá, embriagado por la ambrosía de sus palabras, que uno puede todavía amar la verdad sin dejar de amar a Platón.»

A lo que añade el Dr. Antonio Morillas que «Su metodología, su conocimiento de las lenguas clásicas y su delicado manejo de las fuentes se alejan de la grosería a la que por desgracia estamos más que acostumbrados en los ámbitos académicos actuales… Cualquiera que se inicie en la lectura de Atlántida Histórico-Científica no sólo encontrará las cualidades que acabamos de mencionar, sino todo un caudal de conocimiento y de belleza que le harán alejarse del mediocre presente y adentrarse en una época en la que, de la misma forma que la Atlántida, el saber era algo que se mostraba orgulloso a todo aquel con capacidad para apreciarlo.»

En definitiva, Georgeos Díaz-Montexano es todo un experto en este tema, por lo que agradece esta oportunidad para difundir sus estudios, que espera despierten el interés de la sociedad.

Video-Conferencias sobre la Atlántida Histórico-Científica de Georgeos Día-Montexano en 28 capítulos: https://youtu.be/LEDI2PKzk9U 

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LA LENGUA DE LOS ÍBEROS NO ERA GRIEGA O HELÉNICA, SEGÚN LOS AUTORES ANTIGUOS, LA LINGÜÍSTICA, Y EL TAN CITADO MANUEL GÓMEZ-MORENO MARTÍNEZ.


vía (4) LA LENGUA DE LOS ÍBEROS NO ERA GRIEGA O… – Georgeos Díaz-montexano.

Sobre la lengua íbera, según Gómz-Moreno

LA LENGUA DE LOS ÍBEROS NO ERA GRIEGA O HELÉNICA, SEGÚN LOS AUTORES ANTIGUOS, LA LINGÜÍSTICA, Y EL TAN CITADO MANUEL GÓMEZ-MORENO MARTÍNEZ.

Por Georgeos Díaz-Montexano

Comencemos con unas palabras del tan citado (incluso por quien pretende que el íbero es una lengua griega) D. Manuel Gómez-Moreno donde queda más que claro que no es esa la tesis que él defendía, sobre todo en sus últimos años:

“Los iberos, primitivos pobladores de España, ¿quiénes eran, de dónde venían, qué conservamos suyo? Primeros tropezones de nuestra historia. De fijo nada sabemos acerca de ello; sólo un atisbo, a mi modo de ver: aquellas gentes no han dejado rastro fuera del área peninsular, que se prolonga hasta el Garona. Por allí, hacia acá, mantiénese un testimonio vivo de primitivismo: el habla vasca, cuyas características responden muy bien al tipo de nomenclatura geográfica y personal que a aquellas gentes se atribuye, y al aspecto externo de sus monumentos escritos, en un alfabeto cuya fijación aproximada creo que me corresponde […] Nada se entiende ni cuadra a estructuras indoeuropeas; va, en cierto modo, con lo vascuence, y sobre éste se intenta ahora irlo descifrando, con menguado éxito aún […] No se puede garantizar, por hoy, que desde Aquitania hasta la Tartéside se hablara una misma lengua, como tampoco que la vascuence deje de estar profundamente infiltrada de voces cántabras, puesto que a territorio de cántabros vino a refugiarse aquélla; pero todo induce a ver un tronco lingüístico desparramado en dialectos con caracteres de aglutinación o composición típicos. La onomástica personal de vascones e ilérgetes, revelada en el bronce de Ascoli, sirve de guía para reconocer algo de ello, y a su vez el plomo de Alcoy contiene radicales y palabras enteras repetidas en inscripciones en letra ibérica, procedentes de Liria, Sagunto, Tarragona y Mogente, que acreditan lo dicho…” (Manuel Gómez-Moreno Martínez, 1942).

Razones más que poderosas por las cuales descarté hace ya muchos años la posibilidad de que la lengua de los íberos fuera helénica o griega.

1. Cuando los principales autores griegos hablaban de las dos Iberias, la Iberia Asiática (Caucásica) y la Iberia Occidental (España y Portugal), se decía que los íberos occidentales, los de la península ibérica, procedían de los íberos asiáticos u orientales, o sea, de la Iberia Asiática o Caucásica. Solo un par de autores tardíos, y romanos, dicen lo contrario, o sea, que los íberos asiáticos serían descendientes de los íberos europeos occidentales.

2. Cuando describen a los íberos asiáticos no lo describen como pueblos griegos o de habla griega sino de lengua extranjera.

3. Cuando describen a los íberos occidentales, o sea, a los íberos de la península ibérica, exactamente lo mismo, los describen como pueblos de lengua no griega (bárbaros), o sea, de lengua extrajera.

4. De los documentos comerciales hallados en el levante peninsular y Francia, escritos en griego, se menciona a testigos y comerciantes íberos, y se comprueba claramente que sus nombres no son helénicos o griegos.

5. El mismo Manuel Gómez-Moreno Martínez (REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. DISCURSOS LEIDOS EN LA RECEPCION PUBLICA DE D. MANUEL GOMEZ-MORENO MARTINEZ, EL DIA 28 DE JUNIO DE 1942), después de haber logrado determinar que el signario ibérico era un sistema mixto silábico-alfabético comprendió que la lengua de los íberos nada tenía que ver con la griega ni con cualquier otra lengua flexiva indoeuropea o afrasiática, pues su estructura -y la manera en que sonaba- era sin duda de una lengua aglutinante como la vasca (y otras lenguas de Eurasia como las Altaicas, Urálicas, Sino-Caucasianas y Finno-Ugrias). Si bien él creía que el signario tartesio tendría un origen micénico o micénico-chipriota, pero también fenicio, eso solo lo creía en cuanto al origen del sistema de escritura sudlusitana o tartesia, pero no en cuanto a la lengua íbera, de la que no tuvo duda alguna era aglutinante y sin relación con la griega. Detalle este muy importante que, sin embargo, muy interesadamente es omitido cuando se recurre al mismo Gómez-Moreno Mártinez para sostener que la lengua de los íberos era un mero dialecto griego o helénico, o una variante de una koiné griega.

Estas referencias en cuanto a la lengua de ambos íberos, los de Asia y los de la Europa occidental, son más que consistentes con la realidad científica. La ciencia lingüística ya hace muchísimo tiempo que ha identificado las lenguas de la Iberia Caucásica en dos únicas familias: kartveliana (de la macrofamilia Sino-Caucasiana) y túrquica (de la macrofamilia Altaica). Por tanto, tal como se deduce de las antiguas fuentes primarias escritas por autores griegos y romanos, en efecto, la lengua de los íberos de la Iberia Asiática o Caucásica no era helénica o griega.

Y del mismo modo, ya hoy sabemos que también la lengua de los íberos no tiene nada que ver con las lenguas helénicas o griegas (ni siquiera con cualquier otra lengua indoeuropea), pues todo demuestra que es una lengua altamente aglutinante, rica en sufijos, y hasta con cierto grado de incorporación, rasgos estos que no existen en lenguas flexivas como las helénicas o en la micénica misma, pero que si son típicos de lenguas Kartvelianas o Caucasianas y Altaicas como las que desde tiempos muy remotos se han hablado en la Iberia Asiática, de donde precisamente vendrían los antiguos íberos de la Iberia Europea del occidente, según acreditan los autores antiguos que hablaron de este asunto.

Insisto en el dato más que revelador de que los griegos identificaran a los íberos como pueblos bárbaros, de habla no griega, agrupándolos así -como pueblos de lengua extranjera no griega- con celtas, galos, ligures y germanos, entre otros. Y nadie debería dudar de que autores griegos que vivieron en torno al siglo I, pueblo helénico que como mínimo desde el 600 AC. habían tenido colonias en Iberia (justo en territorio ibérico), que después de haber convivido con los íberos por tanto tiempo, no supieran cuál sería la verdadera naturaleza de la lengua íbera, y peor aún, que no fueran capaces de percatarse de que la lengua de los íberos, sus vecinos de las colonias griegas de la península ibérica, con los cuales convivían y comerciaban constantemente, no era más que un mero dialecto griego o una lengua helénica más como las otras del mundo griego.

Definitivamente, si los autores griegos identifican a los íberos como un pueblo extranjero de habla no griega, después de tantos años de convivencia y de conocerles más que sobradamente (mejor incluso que a otros pueblos bárbaros como celtas y germanos) es porque más allá de cualquier duda razonable posible, la lengua de los íberos no era griega o helénica.

Si la lengua íbera pudiera ser traducida “tan fácilmente” a través de cognados del Griego Clásico o de sus dialectos griegos conocidos, entonces ello significaría que la lengua íbera era igualmente una lengua griega, y por tanto, habría sido fácilmente reconocible como tal por los mismos griegos, pero no fue así. Para los griegos, los íberos pertenecían a una nación extranjera de pueblos bárbaros, de habla no griega.

No es para nada lógico asumir que durante todo ese tiempo de convivencia los griegos no fueran capaces de darse cuenta que la lengua de los íberos, sus vecinos de las colonias griegas de la península ibérica, no era más que un mero dialecto griego o una lengua helénica.

¿Alguien necesita más evidencias para desestimar por completo la inadmisible hipótesis de que el íbero, el tartesio, y hasta el mismo celtibérico eran todas lenguas griegas?

Tanto el tartesio como el celtíbero y el íbero, eran tres lenguas propias y bien diferenciadas una de la otra, y las tres eran lenguas no griegas, por tanto, lenguas que nada tenían que ver con las lenguas helénicas. El tartesio parece haber sido un indoeuropeo antiguo, pero que no es micénico ni griego, el celtibérico, a todas luces, una lengua céltica, y el íbero, una lengua aglutinante/incorporante por tanto, nada que ver con una lengua flexiva indoeuropea como la griega, y debido a su naturaleza morfo-tipológica, más cercana al vasco o al Proto-Vasco, y a las lenguas Altaicas, Urálicas y Sino-Caucasianas.

Fuente relacionada:

IBÉRICO EURASIÁTICO. Descifrando la lengua íbera.