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Georgeos Díaz-Montexano ¿Es la historia sobre la Atlántida una mera invención de Platón?


¿Es la historia sobre la Atlántida una mera invención de Platón?

Georgeos Díaz-Montexano, Scientific Atlantology International Society (SAIS)

Reconstrucción paleográfica de la Atlántida, por Georgeos Díaz-Montexano
Reconstrucción paleográfica de la Atlántida, por Georgeos Díaz-Montexano

Lamentablemente hay mucha desinformación respecto a la historia de la Atlántida descrita por Platón y otros autores antiguos (incluso ajenos a Platón). Muchas falsedades se han escrito que son usadas por ambos bandos de las dos posturas enfrentadas: defensores de la posibilidad de un sustrato histórico y detractores. Como todo en esta vida, una adecuada información de calidad que sea la más completa o mejor documentada posible, y sobre todo que sea verificable, es lo que marca la verdadera diferencia entre información veraz y desinformación que genera confusión.

Es imposible pontificar en contra de cualquier posibilidad histórica en el relato que Solón trajo de Egipto sin antes haberse estudiado todas las fuentes primarias existentes sobre el asunto. Los escépticos detractores arremeten contra cualquier posibilidad histórica, no admitiendo ni una mínima posibilidad, como por ejemplo, que hubiera sido una importante ciudad de la Edad del Bronce en algún lugar del Atlántico, próxima a las costas de Iberia, Marruecos y Madeira.

Pero lo cierto (como cualquiera puede verificar) es que el mayor estudio -en cuanto a volumen y calidad de referencias y fuentes primarias- que hasta la fecha ha sido realizado, el único donde se ha trabajado con todas esas fuentes primarias, que son ya más de medio millar (entre códices, papiros, manuscritos, mapas, relieves y pinturas en tumbas y templos, etc.) es el que he venido realizando desde hace ya casi veinte años, y que componen una serie de seis volúmenes sobre Atlantología Histórico-Científica, de los cuales he publicado en fecha reciente un adelanto o resumen en forma de epítome, en dos tomos. Sin leerse estos dos tomos (de unas 762 páginas), y sin haberse hecho aún ni una sola exploración submarina en los puntos que yo logro reconstruir tras tales estudios con las fuentes primarias y no pocas evidencias arqueológicas y sismológicas que he logrado ir reuniendo en todo este tiempo, es imposible pontificar que todo lo referente a la Atlántida no es más que un mero cuento inventado por Platón. Argumento falaz que ya desmonté hace años mostrando cómo otros autores que -de modo independiente- consultaron fuentes egipcias, dieron fe de la misma historia escrita entre los egipcios y de cómo esta fue trasmitida a Solón, tal como acreditan Plutarco de Queronea, tras sus propias indagaciones entre los sacerdotes egipcios y Crantor tras verificar la narración sobre la guerra de la Atlántida narrada en el Critias en inscripciones egipcias.

Así que si hubo una invención, si alguien se inventó todo lo referente a la Atlántida no fue Platón, ni tampoco Solón, en toda caso serían los sacerdotes egipcios que le trasmitieron la historia al legislador griego, los mismos que Plutarco confirmó en Egipto y así hasta nos revela sus nombres: Sonjis de Sais y Psenofis de Heliópolis. Pero incluso si asumiéramos esta hipótesis, habría entonces que asumir también, que esos mismos sacerdotes (u otros que desconocemos) falsificarían los mismos escritos sobre la Atlántida que Crantor, no mucho después de morir Platón, pudo confirmar en Egipto. Y acusar también a Crantor (sin fundamento alguno) de haber sido otro vulgar mentiroso como Platón o como Solón, desde luego que sería igual de absurdo y estúpido. La fides atque auctoritas, el prestigio, la ética y los valores morales de Crantor, fueron muy alabados y muy bien considerados por varios autores antiguos de gran autoridad1. Nada permite suponer, y menos aún asumir, que Crantor haya mentido y se haya inventado tales testimonios epigráficos sobre la Atlántida entre las fuentes egipcias que él mismo pudo verificar. Si alguien -aún sin fundamento alguno- quisiera creer en tal aberrante especulación subjetiva, en cualquier caso, que sea consciente de que no podría demostrarlo de ningún modo, a menos que fabrique una “Máquina del Tiempo” y viaje hasta el preciso momento en que Crantor visitó Egipto, para así ver si realmente vio o no vio tales inscripciones donde se dada fe de la misma historia narrada en el diálogo de Critias o el Atlántico.

La única manera en que se podría pontificar de un modo tan categórico, y con tanta convicción, que la Atlántida fue un mero cuento o fábula inventada por los sacerdotes egipcios -no por Solón o Platón- sería si no se hallara absolutamente nada que permitiera dar soporte histórico a la historia de la Atlántida, después de haberse peinado hasta el último rincón bajo el mar, en toda el área que yo señalo, por ser justo la única que se corresponde con mayor precisión a la ubicación que se da de Atlantis en las fuentes antiguas. Pero, resulta que la han buscado por casi todos los mares del mundo, menos por el único lugar donde claramente la señalan las fuentes primarias escritas, y que es donde llevo casi dos décadas indicando que se debería buscar.

Si tras realizar esa búsqueda completa no apareciera nada que permita dar soporte de ningún modo a la historia de la Atlántida, sólo entonces se podría confirmar que fue una invención de los sacerdotes egipcios. Sólo entonces se podría decir, pontificar y publicar por todas partes, hacerlo oficial, y hasta “llevarlo a misa”, que la Atlántida nunca existió, al menos en el lugar donde claramente la ubicaban Platón -según Solón y las fuentes egipcias- y los demás autores antiguos. Y de tales resultados negativos se podría incluso deducir que fue un cuento inventado por los sacerdotes egipcios, si alguien quisiera ir más lejos aún en las conclusiones derivadas de los resultados arqueológicos negativos. Pero mientras tales resultados arqueológicos no se hayan producido, todo lo que se intente pontificar, tanto a favor de la Atlántida como en contra, no sería más que mera especulación.

Sobre todo lo que aquí he comentado y argumentado, pueden hallar detallada información (citas exactas de las fuentes primarias escritas y arqueológicas, y su análisis) en los dos tomos de mi Epítome de la Atlántida Histórico-Científica. Tomo I (www.AtlantidaHistorica.com) y Tomo II (www.Atlantida.be).

1Véase el capitulo sobre Crantor en el Tomo I de mi Epítome de la Atlántida Histórico-Científica.

Artículos recomendados:

1. https://georgeosdiazmontexano.wordpress.com/2011/02/25/falacias-mentiras-errores-y-conjeturas-mas-comunes-sobre-la-atlantida-de-platon-no-documentadas-en-las-fuentes-primarias/trackback/

2. https://georgeosdiazmontexano.wordpress.com/2013/07/21/georgeos-diaz-montexano-la-cuestion-sobre-el-verdadero-tamano-de-la-atlantida/trackback/

3. https://georgeosdiazmontexano.wordpress.com/2011/07/06/la-unica-ubicacion-posible-de-la-atlantida-de-platon-la-evidencia-lexicografica/trackback/

Para saber más recomiendo mis dos recientes libros del Epítome de la Atlántida Historico-Científica.

ATLANTIS AEGYPTIUS CODEX. Tomo II del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica: http://www.Atlantida.be
ATLANTIS AEGYPTIUS CODEX. Tomo II del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica: http://www.Atlantida.be Diseño de portada Monik Perz (http://www.MonikPerz.com.ar)
ATLANTIS TARTESSOS. Tomo I del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica: http://www.AtlantidaHistorica.com
ATLANTIS TARTESSOS. Tomo I del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica: http://www.AtlantidaHistorica.com Diseño de portada Monik Perz (http://www.MonikPerz.com.ar)

PROLOGO DEL AUTOR e INTRODUCCIÓN de ATLANTIS. TARTESSOS. Aegyptius Codex. Clavis. Epítome de la Atlántida Histórico-Científica


PROLOGO DEL AUTOR e INTRODUCCIÓN de ATLANTIS. TARTESSOS.  Aegyptius Codex. Clavis. Epítome de la Atlántida Histórico-Científica
de Georgeos Díaz-montexano, el El Viernes, 24 de agosto de 2012 a la(s) 4:01 ·
¿CÓMO ADQUIRIR EL LIBRO?

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PRÓLOGO DEL AUTOR

“…El que Emprende hacer Evidencia de la Verdad, Escriviendo la Verdad, no podrá Persuadir à que lo Es, Mientras Reside en los Ánimos de los Oyentes, ò Leyentes, aquella Opinión Falsa, que Persiste à la Raçon de la Verdadera…”

(José Pellicer de Ossau y Tovar, 1673)

Con estas palabras del ilustre y erudito español José Pellicer[1] hemos querido comenzar esta obra porque, ciertamente, hay que despojar a la mentira de sus falsas vestiduras hasta que aflore la verdad desnuda, incluso aunque su desnudez nos cauce cierta vergüenza. Suele decirse que “la verdad sólo tiene un camino”, sin embargo, la gran mayoría se empeña en transitar otros caminos… Si todo apunta hacia una única dirección, ¿por qué mirar entonces hacia otro lado?… Platón afirma en sus diálogos del Timeo y el Critias que la isla y península de Atlantis o Atlántida estaba ubicada justamente delante de las Columnas de Hércules -actual estrecho de Gibraltar- en el piélago o golfo Atlántico, y que un cabo, punta o extremidad de la misma llegaba hasta las propias Columnas de Hércules, situada en la región que recibía el nombre de Gadeira. Si esta región de Gadeira (Cádiz), el golfo o mar Atlántico y las propias Columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar) eran sitios reales, ¿por qué no ha de serlo también la isla-península Atlántica conocida como Atlantis?

De sobra es conocido, que la opinión académica generalizada sobre esta narración dePlatón es que se trata de una mera leyenda, un mito sin carácter histórico alguno, o una utopía inventada por Platón para justificar sus ideas políticas planteadas en la República. Bastaría con echar un vistazo a cualquier enciclopedia o libro de texto sobre historia antigua. Sin embargo, se trata de un concepto erróneo, al menos parcialmente. Las investigaciones que vengo realizando, desde hace más de quince años, confirman un considerable nivel de historicidad -hasta en los detalles más específicos- existente en el relato de la Atlántida de Platón; algo que viene planteándose y defendiéndose desde la antigüedad misma. La mayoría de los elementos descritos se corresponden con una realidad histórica, arqueológica, geográfica, geológica y sismológica, en un nivel más que suficiente para refutar el viejo paradigma que impone la visión de la narración de laAtlántida de Platón como un simple mito filosófico, político o moral. En este sentido, nuestras investigaciones han conseguido falsear esta antigua hipótesis (casi convertida en dogma), lamentablemente aún vigente en la mayoría de los círculos académicos.

La historiografía académica sobre la Atlántida no ha ido nunca más allá de un mero ensayo de opiniones y especulaciones subjetivas basadas en la supuesta intencionalidad de Platón de inventarse un mito pseudo-histórico para poder sustentar así su teoría política. Partiendo de esta idea preconcebida la mayoría de los historiadores y filósofos que se han ocupado de los escritos de Platón han realizado estudios comparativos entre los textos del Timeo, el Critias y la República para poder argumentar esta hipótesis, pero nadie ha demostrado aún con verdaderos datos sólidos y objetivos la hipótesis del “mito” o “utopía”. Nadie ha demostrado aún que Platón mintiera cuando al referirse a la narración sobre la Atlántida afirmara que se trataba de una historia verdadera, de un “ALHQINON LOGON”. Las opiniones, especulaciones o hipótesis subjetivas (por no basarse en datos o pruebas físicas) de tantos académicos, pasaron –lamentablemente- a convertirse con el paso del tiempo en un dogma casi inamovible, en un nuevo paradigma, aunque sin duda pseudo-histórico. Porque –insisto- este paradigma o dogma no ha sido construido sobre una base científica, es decir, sobre datos, hechos o pruebas verificables, sino sobre simples comparaciones subjetivas basadas en meras opiniones personales, consideraciones y valoraciones pseudo-psicológicas -realizadas a gran distancia temporal- sobre la supuesta personalidad de Platón y también supuestas intenciones; “valoraciones analíticas” que, en el fondo, no son más que especulaciones infundamentadas, y en muchas ocasiones hasta ridículas, puesto que ninguno de los autores modernos que ha escrito sobre Platón puede presumir de haberle conocido en persona, ni la opinión de un discípulo como, por ejemplo, Aristóteles -tan recurrida por los detractores de la Atlántiday de Platón puede constituir bajo ningún concepto un dato objetivo. Es bien conocida la actitud verdaderamente opositora y crítica (por no decir envidiosa[2]) que mantuvo este contra su Maestro Platón; pero sobre todo -y esto es lo más importante- porque esa célebre opinión de Aristóteles contra la Atlántida de Platón, tan divulgada por los escépticos y detractores de la posible historicidad de la Atlántida ¡jamás ha existido! No es más que una de las tantas falsedades históricas que, desgraciadamente, aún persisten incluso entre los especialistas del mundo académico, tal y como demostraremos de manera suficiente en esta misma obra.

La mayoría de los autores de la antigüedad sintieron un profundo respeto por Platón, a quien se le tenía en muy alta estima, y hasta era usado como referente de opinión verdadera y sabia. Fueron bastante más los autores que manifestaron una opinión favorable hacia la veracidad de la historia de la isla Atlantis o Atlántida de Platón que los que se pronunciaron en contra. Sin embargo, esa no es la idea que malintencionadamente se nos ha trasmitido a las últimas generaciones. Antes de empezar este estudio yo estaba convencido -como la inmensa mayoría de los que estudiamos la historia desde el máximo rigor posible- de que se trataba de un simple “mito” inventado por Platón para así justificar sus ideas políticas y filosóficas, o sea, la tesis oficial académica aún vigente. Estaba convencido también de que el relato sobre la Atlántida de Platónno alcanzó nunca credibilidad suficiente entre la mayoría de los autores antiguos, ni siquiera entre sus discípulos más allegados, como por ejemplo Aristóteles (el más usado por los detractores de la Atlántida), porque esto fue justo lo que nos habíamos llegado a creer tras la lectura de todos los libros académicos de texto y demás apuntes enciclopédicos que había consultado hasta hace apenas unos quince años, pero poco después terminé descubriendo que esto no era del todo cierto. En realidad –intencionadamente o no- los textos de Platón, Timeo y Critias fueron malinterpretados y hasta traducidos erróneamente en algunos pasajes que son verdaderamente fundamentales para un correcto entendimiento de lo que ese gran maestro del pensamiento racional de la Atenas de los siglos V-IV A.C. nos quiso realmente trasmitir. Por desgracia -y mayor vergüenza para la ciencia- hasta se ha llegado a la manipulación y falsificación de datos, y como es de rigor, cada caso será mostrado en esta serie de Atlantología Histórico-Científica con la mayor aportación posible de evidencias y pruebas objetivas, ya que existen verdaderos errores que por causas diversas se han ido estableciendo, algunos como “datos verídicos” y otros incluso como “hechos”, pero antes de llegar a un ‘statu quo’ hagamos una breve introducción a la Atlantología como tal.

Desde la célebre obra “Atlantis, the Antediluvian World” de Ignatius Donnelly[3] (1882) se abrió un campo nuevo en los estudios sobre la Atlántida, la llamada atlantología. Lamentablemente, esta mal llamada “especialidad histórica” no ha llegado a ser, en líneas generales, una disciplina o especialidad científica como se ha pretendido, todo lo contrario, no ha ido más allá de ser una pasarela por la que han desfilado –en la mayoría de los casos- las hipótesis más absurdas y pseudocientíficas que se han conocido en materia de historia antigua y arqueología; hasta el punto de que el erudito y filósofo alemán Franz Susemihl, ya en 1856 llegara a acuñar una frase que bien podría engrosar la lista de “frases célebres” de la historia. Dijo Susemihl: “Una lista de las excesivas declaraciones sobre la Atlántida sería un documento absolutamente bueno para el estudio de la estupidez humana”. Ciertamente, la atlantología conocida hasta hoy no ha sido ni siquiera una disciplina, porque ha carecido de argumentaciones y principios metodológicos correcta o adecuadamente unificados. La atlantología ha estado más inundada de fantaciencia que de ciencia, y si bien muchos científicos académicos han cometido serios errores (y hasta manipulaciones) que han contribuido a cimentar el dogma sobre el carácter “mítico” y “ficticio” de la historia de Platón sobre la Atlántida, la inmensa mayoría de los llamados atlantólogos han contribuido por su parte a la implantación de graves errores, fantasías y falsedades que han dañado seriamente todo lo relacionado con la Atlántida; hasta el punto de que aún hoy en día entre los principales círculos académicos y científicos, hablar o debatir sobre la Atlántida continúa siendo visto como una falta de rigor científico, y hasta de cordura, en los casos más extremos. De hecho, no muchos son los reputados académicos que se han atrevido a enfrentar el estudio de la Atlántida desde una visión histórica o arqueológica, cuando la inmensa mayoría prácticamente se ha dedicado a reiterar una y otra vez los mismos argumentos sobre su condición de relato mitológico, o mera invención ilustrativa con fines filosóficos, siempre en contra de una posible interpretación antropológica histórico-arqueológica.

A modo de adelanto, paso a enumerar algunos de los más conocidos errores, falsedades y falacias -aún vigentes- que a la vez servirán como guía de esta “opera prima” sobre laatlantología científico-histórica y que iremos desarrollando de manera profunda en las posteriores entregas.

  1. El concepto falaz de que la Atlántida era una super-civilización super-tecnológica que dominaba las energías de los cristales y hasta los aparatos voladores, entre otras falsedades similares y demás invenciones sin fundamento como que en laAtlántida existían pirámides o que sus orígenes se remontan a cientos de miles de años.
  2. El concepto erróneo de que la Atlántida era un gran continente cuando en realidad era una NHSOS, es decir, una isla o península, según los valores semánticos conocidos de esta palabra en la antigua lengua griega, y que no señalaban precisamente -en los tiempos anteriores a Platón y a Heródoto- a una mera isla. En cualquier caso Atlantis sería una ‘tierra insular’, pero nunca un continente o terra firma.
  3. El concepto erróneo de que la Atlántida se hallaba “más allá” (en el sentido de lejanía) de las Columnas de Hércules, y en el medio del Océano atlántico, cuandoPlatón no utiliza jamás ninguna preposición o expresión que se pueda traducir como “más allá”, o “lejos de” y ni siquiera menciona la palabra griega OKEANOS (Océano). Platón dice de manera muy clara que la Atlántida se hallaba ubicada en el “Piélago del Atlántico” (ATLANTIKOU PELAGOUS), o sea, en el mar que justo comienza en el Golfo de Cádiz, ‘ante/delante’ (PRO) y casi en la ‘boca’ (STOMATOS) o ‘desembocadura’ conocida (en los tiempos de Solón y Platón) como las “Columnas de Hércules” (HRAKLEOUS STHLAS). Así como que una extremidad, punta o cabo (AKRAS) de la Isla-Península (NHSOS) Atlántida, se extendía desde la región de Gadeira (Cádiz) y con el mismo nombre, hasta las Columnas de Hércules (Gibraltar), mientras que otra región o provincia de las diez en que fue dividida toda la tierra insular Atlántida sería la del reino de Elasippos (¿acaso la misma Olisippos, Lisboa?), y otro reino de la misma Atlántida sería el de Diaprepes, nombre con el que “casualmente” también fueron conocidas en la antigüedad el conjunto de las célebres Islas Afortunadas, o Islas Bendecidas (Canarias y Madeira). Estos puntos geográficos, claramente identificados desde la antigüedad, demuestran que la (NHSOS) ‘isla-península’ o ‘tierra insular’ de Atlantis solo podía hallarse muy cerca de la boca de las Columnas de Hércules, en el vestíbulo del Golfo Atlántico o de Cádiz, entre las regiones de Gadeira (Cádiz), Elasippo (¿Lisboa?) y el Atlas (Marruecos, o incluso Andalucía misma como veremos después), y las islas de Canarias y Madeira. En todo momento se ubica tanto a la NHSOS (o al menos su comienzo) como al archipiélago de islas Atlánticas en el “Piélago del Atlántico”, que es lo mismo que decir en el ‘Golfo’, “Brazo de mar”, ‘Canal’ o “Estrecho de Mar” de las Columnas de Hércules (Gibraltar) como lo demuestra la sustitución de la palabra griega “PELAGOS” escrita en los códices griegos del TIMAIOS por la latina FRETUM en algunas de las traducciones e interpretaciones latinas realizadas ya desde la propia antigüedad como la del medioplatónico -y posible autor hispano o residente en Hispania- Calcidio, realizada entre los siglos III y IV A.D.[4]
  4. El concepto erróneo de que la Atlántida era una isla “mayor que Libia y Asia juntas o reunidas”, cuando los textos originales solo dicen que la Atlántida había sido la NHSOS MEIZWN, es decir, “la isla mayor”, o “la isla más grandiosa, o más poderosa” que “conjuntamente/al mismo tiempo” (AMA) era de Libia, y de Asia. Es decir que la Atlántida era la “isla mayor” (o la “más poderosa” de todas las islas del piélago del Atlántico) que al mismo tiempo era parte de Libia y parte de Asia, muy probablemente por concebirla los antiguos egipcios, Solón o Platón mismo, situada junto a las costas de Libia -comenzando ante la boca misma de las Columnas de Hércules- y extendida hasta tocar las costas e islas del otro lado, es decir, del Asia, puesto que ya para entonces cuando Solón visita Egipto (siglo VI A.C.) los antiguos pensadores griegos -y muy probablemente los sacerdotes egipcios también- consideraban la tierra como una esfera o globo, y obviamente desconocían la existencia del supercontinente de América situado en el medio entre la costas de Asia y Libia. Así es cómo vemos al célebre Aristóteles, quien sin duda hereda en gran medida la visión geográfica de su maestro Platón, sosteniendo que viajando más allá de las Columnas de Hércules, siempre en dirección hacia el Occidente, se llegaría a las costas de la India[5], o sea, a las extremidades orientales de Asia, y en pocos días, lo que sugiere que la extensión de Atlantis, longitudinalmente, en los tiempos de Platón -y con toda probabilidad mucho antes- no se entendería como algo demasiado grande, invalidándose así la imposible interpretación –inexplicablemente aún vigente- de que la isla Atlantis haya sido “más grande que toda la Libia y el Asia juntas”, lo que absurdamente significaría que en vez de una isla sería entonces un gigantesco supercontinente. Pero es obvio que no podía caber tal megacontinente en un espacio marítimo que podía ser recorrido en pocos días de navegación, ni que Solón y Platón hubieran llamado todo el tiempo NHSOS a un continente, encima tan gigantesco que sería superior en tamaño a dos continentes juntos como Libia y Asia (por muy pequeña que se entendiera entonces esta Asia) y que sin embargo ni una sola vez se use la voz correcta para ello, o sea, HPEIROS, ‘continente, tierra firme’. En cualquier caso, el texto solamente nos habla de una NHSOS (isla/península, o tierra insular) ‘mayor’, o ‘más grandiosa’ (ya sea en poder o en tamaño) que tenía su comienzo en un punto muy próximo a la boca atlántica de las Columnas de Hércules, que era parte de Libia y de Asia al mismo tiempo, y que, además, tenía una provincia llamada Gadeira (Cádiz), o sea, que Cádiz se tenía en la época en que Solón visita Egipto como un resto que había quedado de la gran ATLANTIKH NHSOS o “isla Atlántica”. Y estas claras y únicas palabras escritas en el Timeo y el Critias de Platón –más allá de cualquier duda razonable posible- en cuanto a la ubicación correcta de la isla Atlantis, únicamente apuntan a una sola dirección en el espacio geográfico: la que ocuparía en el Atlántico, desde su inicio en el Golfo de Cádiz, entre las costas de Iberia y Marruecos, hasta las Canarias y hasta las Madeira como puntos más lejanos posibles.
  5. El concepto falaz de que la Atlántida fue la cuna de la civilización egipcia cuandoPlatón ni otro autor de la antigüedad dice nada al respecto. De hecho, no existe una sola prueba o evidencia -ni siquiera un leve indicio- que permita seguir sosteniendo esta especulación, absolutamente infundamentada. La único que hemos hallado en las fuentes clásicas (desconocido hasta el presente por los atlantólogos y quienes sostiene esta falsedad) es cierta tradición clásica sobre el origen Atlante (como descendiente de Atlas) de un par legendarios reyes egipcios, pero en ningún caso de toda la civilización egipcia[6].
  6. El concepto erróneo de que la Atlántida entera se hundió bajo el mar por causa de una erupción volcánica cuando en el relato de Platón tampoco se dice nada al respecto -ni siquiera parecido- ni en ningún otro autor o fuente ajena a Platón. Mientras que las descripciones ofrecidas en el Timeo y en el Critias, solamente coinciden con el típico proceso catastrófico de naturaleza sísmica conocido comotsunami, tal y como venimos defendiendo desde hace más de quince años.
  7. El concepto erróneo de que la historia o narración de la Atlántida de Platón es una recreación, ficción, mito o mera invención de Platón para así sustentar su teoría política desarrollada en “la República”, y, por consiguiente, un simple mito sin carácter, condición o cualidad histórica alguna. Nuestros estudios muestran que no existe apenas relación entre el relato de la Atlántida y las descripciones de “la República” y “las Leyes”; y muestran también que existe un nivel de historicidad y verosimilitud en el relato de la Atlántida de Platón, que va bastante más allá de las simples coincidencias o meras utilizaciones intencionadas para la supuesta fabricación de un mito. La mayoría de los elementos descritos –principalmente los geográficos y toponímicos- pertenecen o se corresponden en gran medida con una realidad histórica, geográfica, geológica, sismológica y en una medida nada despreciable hasta con cierta realidad arqueológica, tal y como adelantaremos –parcialmente- en este mismo compendium. Sólo queda pendiente la demostración científica última o definitiva -mediante pruebas físicas- de la existencia de una ciudad cuyas características y diseño urbanístico-arquitectónico sean lo suficientemente similares a la descrita por Platón para que al menos puedan ser entendidas como una solución al enigma de Atlantis de una manera similar al caso de Troya. No obstante, valga adelantar que en realidad ya estamos consiguiendo –por primera vez en la historia de la Atlantología- algunas evidencias científicas verdaderamente reveladoras que podrían aportar nuevos elementos y algo de luz en estas tinieblas que durante muchos siglos (quizás demasiados ya) han estado nublando la razón de muchos estudiosos.

Por estas razones (apenas esbozadas) y muchísimas más que de momento dejamos en el tintero, es que denunciamos que el seguir divulgando falsas hipótesis sobre otras absurdas localizaciones de la Atlántida en Indonesia, el Caribe, Cuba, México, los Andes, las Islas Británicas, Creta, Santorini, Chipre, Israel, etc., es un verdadero atentado contra la verdad histórica y la honestidad intelectual y científica. Dichas hipótesis, o más bienespeculaciones (la mayoría pseudocientíficas) intentan re-ubicar -ad absurdum- laisla/península o tierra insular Atlantis hasta en los lugares más recónditos y apartados de la única situación geográfica claramente descrita por Platón, y por todos los autores antiguos que de alguna manera hicieron mención de esta civilización atlántica, y que sin duda es en el piélago o mar Atlántico, entre las costas de Iberia y Marruecos y las costas de las islas Atlánticas como Madeiras y Canarias como puntos más lejanos posibles en cuanto a la extensión de la isla Atlantis, la cual -sin ninguna duda- comenzaba ante la boca atlántica del estrecho de Gibraltar (PRO TOU STOMATOS).

Para concluir este extenso pero necesario prólogo de autor me gustaría recordar al lector que esta obra es tan sólo un epítome, es decir, un compendium, un mero resumen muy apretado en pocas páginas de los varios millares ya que ocupa la serie de “Atlantología Histórico-Científica”, actualmente en proceso editorial, que hasta la fecha consta de unos tres volúmenes, y que en su casi totalidad ha sido desarrollada –fundamentalmente- sobre la base de un estudio profundo y detallado de los códices y manuscritos más antiguos conocidos de los diálogos de Platón, Timeo y Critias, y demás fuentes primarias y secundarias relacionadas (tanto Platónicas como no Platónicas) con la Atlántida, el Atlántico, pueblos conocidos como Atlantes o Atlánticos, Tartessos, Gadeira e Iberia, entre otros. Principalmente a través de los textos escritos en griego, latín, hebreo, árabe y egipcio, entre otras antiguas lenguas, en menor medida.

Se han analizado las principales traducciones, desde las más vulgares hasta las más académicas, y se ha discutido ampliamente sobre las malas o defectuosas interpretaciones y errores de traducción y de omisión entre otros, o de una excesiva e injustificadaenmendatio realizada por copistas medievales en su mayoría que, lamentablemente, aún persisten en pasajes muy importantes y reveladores.

Gran parte de estas discusiones se han llevado a cabo en reuniones científicas, tertulias, conferencias universitarias (en Barcelona y Madrid), y de acuerdo a los tiempos en que vivimos, por supuesto también en varias Listas de Correos y Foros muy conocidos de Internet, y de alcance internacional[7]. En todo momento, siempre teniendo a la mano los más autorizados y actualizados libros especializados de consulta como son los lexicones y diccionarios y tratados de gramática de las lenguas antiguas objeto de discusión.

Se ha intentado en la mayor medida posible evitar las especulaciones sin fundamento y lashipótesis basadas sólo en la mera probabilidad, otorgando mayor peso y presencia –como es de rigor y de acuerdo a la naturaleza de esta investigación- a las evidenciasdocumentalesfísicas, y arqueo-históricas, en la máxima expresión semántica y etimológica de ambos términos[8].

Por consiguiente, esta es una obra mayoritariamente fundamentada sobre evidencias objetivas, es decir, sobre datos, no sobre meras especulacionessuposiciones oposibilidades, las cuales –insistimos- serán evitadas siempre en la mayor medida posible. Se presentarán las citas de las fuentes, tal y como se conocen -según diversas ediciones de los códices y MS- y sobre estas el autor expondrá consideraciones varias, que en la mayoría de los casos versarán sobre cuestiones meramente técnicas, ya sean de índole paleográfica, lexicográfica, etimológica, o filológicas en general, crítica textual interpretativa o meramente exegéticas, siendo esto último -nuestra exégesis- quizá lo menos útil para el estudioso experto, pero muy probablemente lo más interesante para la mayoría de los lectores no especializados en estas disciplinas filológicas.

Así pues, este libro se sustenta en evidencias que difícilmente podrían ser explicadas de una manera distinta a las propuestas por el autor como no sea aportándose nuevas pruebas de mayor calidad científica, o en casos extremos, recurriéndose al argumento de la fuerza en vez de a la fuerza del argumento. Así pues, este libro (y todos los que componen el corpus de volúmenes que iremos editando en esta colección) se mostrará edificado unas veces sobre pruebas indiciarias, otras sobre evidencias y datos objetivos(evidencias arqueológicas y sismológicas, por ejemplo), y hasta en pruebas testimoniales indirectas como podríamos considerar, por ejemplo, los testimonios ofrecidos por autores próximos a Platón como el filósofo y escolarca de la primera Academia Platónica,Crantor de Soli, o incluso un autor contemporáneo como lo fue el más célebre matemático y astrónomo de la Grecia de su época, Eudoxo de Cnidos[9], de quien se dice haber sido amigo y colega del mismo Platón, e incluso escolarca temporal o provisional de la misma Academia, al parecer, durante el primer viaje de Platón a Sicilia.

INTRODUCCIÓN

Esta obra es un epítome (Del lat. epitŏme, y este del gr. ἐπιτομή), es decir, “un resumen o compendio de una obra extensa, que expone lo fundamental o más preciso de la materia tratada en ella”, tal y como se define en el Diccionario de la Lengua Española de la RAE (Real Academia Española). Tal obra extensa que este epítome resumirá como un compendio, exponiendo únicamente lo más fundamental o preciso, mediante una breve y sumaria exposición, es la serie -en cuatro volúmenes ya- de la “Atlantología Histórico-Científica”, aún en proceso de edición y que podría llegar abarcar hasta unos seis volúmenes.

En este epítome el lector hallará no sólo una breve y sumaria exposición de los cuatro volúmenes ya terminados (en proceso de edición), también dispondrá –a modo de adelanto- de concisos resúmenes de material fundamental que estará presente en los restantes volúmenes de la colección. Aclaramos pues que la mayor parte de la información que se podrá analizar en este epítome es sólo un resumen, en no pocos casos bastante abreviado, porque somos conscientes de que como bien decía el maestro Vicente Arcenegui en su Epítome de gramática castellana, “el arte de simplificar es el arte de enseñar”.

Advertido queda pues el lector de que toda la información completa, totalmente desarrollada y detallada sólo aparecerá publicada en su correspondiente volumen, por lo que si en algún momento pareciere insuficiente la información sobre alguna de las evidencias o argumentos que en este epítome se exponen, no olvide el lector que lo que ahora tiene en sus manos es sólo un resumen y que muy probablemente aquello que eche en falta lo hallará después en la obra completa.

Para facilitar la lectura y comprensión de este epítome hemos preferido organizar la exposición de datos prefiriendo un orden cronológico natural más que temático; dejando así fuera de tal ordenación aquellos temas que por su particularidad o naturaleza entendemos deben ser expuestos como anexos o información complementaria.

Todo el conjunto de la obra la hemos dividido en dos bloques. El primer bloque engloba el estudio de lo que consideramos fuentes documentales escritas y pictóricas (primarias y secundarias) en la que las disciplinas y especialidades aplicadas provienen, fundamentalmente, de las Ciencias de Humanidades. Y el segundo bloque lo ocupa el análisis de las fuentes documentales científicas provenientes de las Ciencias Físicas, de disciplinas científicas modernas tales como la Arqueología, la Geología, y la Sismología, entre otras.

En cuanto a la exposición de las fuentes documentales escritas y pictóricas, en el primer bloque, y partiendo siempre de Platón como figura central para el estudio de la Atlantología, al ser –aún- la fuente principal (aunque no la única como quedará demostrado), hemos dividido la exposición de evidencias, fuentes y referencias en cuatro grupos:

Fuentes Preplatónicas (Anterior a Platón).

Fuentes Platónicas (Desde Platón hasta el fin de la tercera Academia neoplatónica).

Fuentes Postplatónicas (Posteriores a la última Academia).

Fuentes Extraplatónicas (De tradición no Platónica).

Tanto la exposición de Fuentes Preplatónicas como las Platónicas y las Postplatónicasocupan cada una un volumen, consecutivamente (I, II y III), mientras que las fuentes Extraplatónicas, al seguirse un criterio de ordenación cronológica, se hallan insertadas en las tres restantes, puesto que hallamos y proponemos fuentes para la Atlántida o los pueblos Atlantes en autores que no recurrieron a Platón como fuente, unos por ser anteriores a su época y otros, porque aún siendo posteriores -e incluso contemporáneos- no muestran evidencia alguna de haberse basado en los textos de Platón.

En aras de facilitar al lector la comprensión de la información no seguiremos en este epítome el orden cronológico de una manera tan estricta, pues una vez estudiadas las fuentes y después de no pocas charlas y tertulias hemos terminado llegando a la conclusión de que la mejor asimilación y comprensión de las fuentes que sobre laAtlántida y los pueblos Atlantes proponemos como Preplatónicas no se consiguen de manera correcta o completa sin antes haberse conocido bien las fuentes platónicas ypostplatónicas. Así pues, en este epítome el apartado sobre las fuentes preplatónicas será expuesto en tercera posición, después de las fuentes postplatónicas.

Para cada grupo o período temporal hemos seleccionado algunas de las fuentes menos conocidas y relevantes, pero no las más relevantes –aclaramos- ni sólo estas, también otras menos relevantes y hasta más conocidas, pero importantes dentro del engranaje de la tradición y más que necesarias para una mayor comprensión de este totum historicumque sobre la Historia de la Atlántida, pretendemos registrar.

En cuanto a las fuentes documentales sobre la civilización Tartessia la incluimos en la Atlantología Histórico-Científica no porque creamos que Tartessos y Atlantis son una misma cosa, sino porque aceptamos como innegable las similitudes de algunas de las características más significativas existentes en ambas civilizaciones, especialmente a nivel geográfico, ya expuestas de manifiesto primero por Francisco Fernández González y su hijo Juan Fernández Amador y de los Ríos entre finales del siglo XIX y principios del XX, y poco después por el alemán Adolf Schülten. Pero tales semejanzas sólo nos llevan, en última instancia, a la aceptación de que Tartessos pudiera hundir sus raíces culturales en la civilización Atlántica del Bronce –la que en su máximo esplendor creemos describe Platón– que sería, a su vez, la última expresión de una civilización principalmente Calcolítica como intentaremos exponer al lector.

[1] José Pellicer de Osau i Tovar era un erudito español del siglo XVII que dominaba el hebreo, el griego, el latín, el italiano y el francés, entre otras lenguas, y que tradujo varias obras clásicas, llegando a ser cronista real. Entre sus grandes méritos está el haber sido el primero en desarrollar una argumentación histórico-filológica para demostrar que laAtlántida de Platón era la propia península Ibérica.

[2] Al respecto, el erudito español Gregorio García del siglo XVII expuso -en defensa de la autoridad de Platón y criticando la actitud de Aristóteles-lo siguiente: “…Siendo esto asi, digo, como lo es, porqué no daremos credito à la Historia de la Isla Atlántica à que refierePlatón? À quien nada le falta para ser Hombre de autoridad, y gravedad, aunque màs la desautoriça su ingrato discípulo Aristóteles, con el testimonio que le levanto de las Ideas, que por tal lo tienen San Agustín, Séneca, Marsilio, Javello, y otros muchos Autores, los cuales defienden à Platón de esta calumnia, y testimonio de Aristóteles. Y asi lo que dicePlatón de las Ideas, lo interpretan de las que ai en la mente Divina. Lo qual es argumento del respeto que S. Agustín, y los demàs Autores referidos le tienen, pues tanto vuelven por él. Persuadiéndole más à que Aristóteles, de malicia, ò de envidia, ò por mejor decir, de ingratitud, le levanto aquel testimonio, que no à que dixese semejante disparate vn hombre docto, buen Filosofo, y mui recatado…” (“El origen de los Indios de el Nuevo Mundo e Indias occidentales”. LIBRO QVARTO. CAP. IX. De algunas dudas, i objecciones, que contra esto escriviò el P. Acosta. §. III. Donde se prueba ser Historia verdadera lo que dice Platón de la Islà Atlántica. 1607.)

[3] Ignatius Donnelly (1831-1901) Fue miembro del Congreso americano y alcanzó celebridad por sus teorías sobre la Atlántida como cuna de todas las antiguas civilizaciones, y por su teoría sobre quien fue el verdadero escritor que firmaba como Shakespeare. Nació en Philadelphia, Pennsylvania, estudió leyes y fue admitido como miembro del Congreso republicano de Minnesota entre 1863-1868, llegando a ser senador del estado entre 1874-1878. Su partido lo nominó en 1892 como candidato para vicepresidente de los Estados Unidos. Sus libros principales fueron “Atlantis, the Antediluvian World” (1882), en el cual procuró establecer que todas las civilizaciones antiguas conocidas fueron descendientes de esta civilización del neolítico tardío que el identificó con Atlantis o la Atlántida, y “Great Cryptogram”, obra en la que sostuvo una teoría, basada en ciertas claves que él “descubrió” en los trabajos de Shakespeare, las cuales indicarían que su autor verdadero era Francis Bacon. Murió en Minneapolis, Minnesota, y fue enterrado en el cementerio local de Calvary, St. Paul. [Basado en datos de la Enciclopedia Libre de Internet, Wikipedia. Edición inglesa.]

[4] Calcidio (siglo III-IV A.D.), filósofo cristiano Platónico que fue especialmente conocido durante la Edad Media -con posterioridad a su época- por su traducción comentada del Timeo de Platón, dedicada al obispo de Córdoba, Osio. La traducción latina comentada del Timeo de Calcidio fue la más utilizada por la intelectualidad europea occidental durante el Medievo y parte de la Edad Moderna como la herramienta más útil para el entendimiento de las profundas doctrinas de Platón vertidas en este diálogo. Su obra parece no haber tenido apenas repercusión en su época, sin embargo, poco después se convirtió en una de las más admiradas y estudiadas, a lo cual contribuyó el poco conocimiento del griego clásico por parte de Occidente durante los siglos posteriores a su época; algo similar a lo que se ha constatado con otras obras de la literatura clásica latina, que se convirtieron en importantes referentes al no conservarse los originales griegos. En cuanto a su origen, existen varias hipótesis; aunque en realidad, salvo la más antigua o tradicional, donde Calcidio aparece como archidiácono de Osio (presuntamente el mismo Obispo de Córdoba que junto a los sacerdotes romanos Vito y Vicente representaron al Papa en el célebre primer Concilium Ecumenicum de Nicea), hasta la fecha, no ha existido ninguna hipótesis con peso suficiente para ser considerada como oficial sobre la nacionalidad, origen o residencia de Calcidio. Se ha llegado hasta decir que quizás fuera de origen judío, o un diácono en la iglesia de Cartago, pero nadie ha mostrado verdaderos argumentos ni datos de ningún tipo. Los únicos documentos que existen sobre su persona y vida, son unas dudosas cartas privadas atribuidas a Calcidio, pero en especial la célebre traducción comentada de la primera parte del Timeo de Platón, donde queda manifiesto que está dedicada al tal Osio. Sin embargo, según nuestras investigaciones, todo parece indicar que la hipótesis tradicional -y la más antigua- defendida por Dillon de que era un discípulo de Osio sería la correcta, y como apoyo presenta un estudio igualmente léxico interno sobre ciertas intercalaciones que Calcidio introduce en su traducción y que además ofrecen pistas sobre su posible origen andaluz o hispano. El hecho de encargar una traducción al Latín del Timaios -en griego- de Platón a Calcidio, es un claro indicativo de que ese tal Osio (fuera quien fuera) tenía un gran interés por los detalles y asuntos que se contaban en el mismo. Podría pensarse que realmente no le interesaba la Atlántida sino solamente lo demás, sin embargo, Calcidio no hizo una traducción completa del Timeo sino solamente de la primera parte, lo que demuestra que solamente en esta primera parte estarían aquellos asuntos o temas que a Osio le interesaban, y que de alguna manera pensaría usar en sus estudios y doctrinas, y la historia de la Atlántida está precisamente en esta primera parte traducida por Calcidio.

[5] “La idea de un viaje entre Europa y Asia, atravesando el Atlántico, fue una hipótesis manejada ya por los sabios clásicos. Aristóteles, por ejemplo, escribió, después de demostrar la esfericidad de la Tierra, que se podía navegar de las Columnas de Hércules a las tierras del Extremo Oriente en pocos días. Y Séneca hizo alusión en repetidas ocasiones a dicha posibilidad. Por ejemplo, en Medea escribió unas líneas ciertamente proféticas: «Llegará el momento en que las cadenas del Océano caigan a un lado y un vasto continente sea revelado, en que un piloto descubra nuevos mundos y Tule deje de ser el último extremo de la Tierra». Y en la misma línea, también dejó escrito: «En realidad, ¿qué distancia hay entre las playas extremas de Hispania y las de la India? Poquísimos días de navegación, si sopla para la nave un viento propicio».” (Cristóbal Colón, por el Dr. Primitivo Pla Alberola, http://bib.cervantesvirtual.com/portal/colon/).

[6] Ver capítulo sobre referencias en las fuentes egipcias.

[7] Al respecto se pueden consultar los mensajes y discusiones publicados por el autor en los siguientes sitios: en español, “Lista y Foro de Atlantología Científica” [http://elistas.egrupos.net/lista/atlantologos]; en inglés, “Atlantis Rising” [http://www.atlantisrising.com] y “Graham Hancock Forum” [http://www.grahamhancock.com/phorum/search.php?f=1&search=Georgeos&globalsearch=1&match=1&date=0&fldauthor=0&fldsubject=1&fldbody=1&start=151]; en alemán “Atlantis-Forum” [http://www.atlantisforum.de], ya desaparecido hace unos años.

[8] El autor entiende como evidencia arqueológica (o arqueohistórica) cualquier objeto o elemento material, y cualquier dato documental, susceptible siempre de verificación por otros métodos científicos. Arqueología expresa -semántica y etimológicamente- el discurso o historia sobre lo antiguo o lo arcaico. Así pues, una evidencia arqueológica será siempre cualquiera que permita establecer una discusión -objetiva- sobre la antigüedad o los tiempos arcaicos, desde un simple trozo de papiro o una inscripción sobre una roca, hasta una vasija de cerámica y una columna.

[9] Ver capítulo correspondiente en esta misma obra.

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Sobre las falsas referencias Hindúes a la Atlántida de Platón, y las verdaderas referencias a una civilización Atlántica.


Sobre las falsas referencias Hindúes a la Atlántida de Platón, y las verdaderas referencias a una civilización Atlántica.

Por Georgeos Díaz-Montexano

Artículo publicado en el Blog del autor de Blog.com con el mismo título: “Sobre las falsas referencias Hindúes a la Atlántida de Platón, y las verdaderas referencias a una civilización Atlántica” el 16 de Febrero de 2008.

Detalle de un manuscrito sobre Cosmología Védica (https://georgeosdiazmontexano.files.wordpress.com/2011/08/veda.gif?w=300)
Detalle de un manuscrito sobre Cosmología Védica.

Los descubrimientos paleográficos que a continuación vamos a analizar – hasta donde he podido confirmar – no han sido discutidos u observados por ninguno de los estudiosos de los antiguos textos Hindúes que han intentado buscar posibles referencias sobre Atlantis. Todos estos autores que me han precedido, han especulado con un supuesto nombre de una supuesta isla llamada Atala, y que ha sido traducida por estos autores de los tiempos modernos como la “isla Blanca”, o de “color blanco”, lo que sin dudas es un gran error, o una falsificación deliberada, porque ni en el Sánscrito, ni en el Tamil, ni en el Hindi, ni en ninguno de los lenguajes antiguos de la India e Indonesia, esta supuesta isla de Atala tuvo esos significados jamás, y de hecho ¡nunca! fue mencionada como una “isla” sino solamente como una región de los infiernos. Pero más grave aún es, que ni siquiera ha existido jamás ninguna región del ”Under-World” con ese nombre de Atala, como quedará evidenciado en el desarrollo de esta artículo…

La “Isla Blanca”

El color blanco se expresaba principalmente con la palabra ’arjuna’ y sus derivados como por ejemplo, ’arjunacchavi’, ”of a white colour”, aunque también existen nombres con otras raíces como por ejemplo, ’atizukla’, ”very white, too white”, o ’balakSa’, ”the colour white” o ’zveta’, pero jamás se usó Atala ni otra palabra similar para expresar el ”color blanco”, por consiguiente, la citada ”Isla Blanca” no puede haberse llamado de ningún modo Atala sino de otra forma tal y como veremos a continuación. En Sánscrito isla se escribía como dvIpa, ”island, península, sandbank” (casi los mismos significados que el griego Nêsos) y que literalmente se traduce como “entre dos aguas”, o sea, “el espacio de tierra que existe entre dos aguas” (ríos o mares); pero jamás existió una palabra como Atala para expresar el significado de “isla”. Y solamente hay dos términos en los lenguajes Hindúes e Indonesios que fueron usados para denominar a una ”White Island”: cuvEtattuvIpam, ”believed to be the world, of enjoyment” (en Tamil), y el Sánscrito zvetadvIpa,”The White Island”, “N. of a mythical abode of the blessed, or of a sacred place near; a myth. island”. Esta zvetadvIpa es la única ”White Island” que es descrita en los Vishnu Purana.

En cualquier caso, lo más interesante de los descubrimientos paleográficos que he realizado en los textos Hindúes y en las tradiciones de la India e Indonesia es que la única posibilidad que existe de identificar a las regiones o países de los Atlantes o de Atlas con algún lugar geográfico del mundo es con las regiones de la Europa Occidental, no con las regiones del África Occidental ni por supuesto con ninguna región o país de Indonesia como vamos a demostrar en este artículo.

El origen de los errores.
El origen de los “errores” parece remontar a una mala interpretación realizada por algunos atlantólogos, de un comentario que H. P. Blavatsky hizo en su “Doctrina Secreta” (a finales del siglo XIX) a las hipótesis de Wilford (c1761-1822)(1), acerca de Atala y la ”Isla Blanca”. Veamos el comentario:

“…Captain (now Colonel) Wilford brought forward his fanciful theories about the British islands being the “White Island,” the Atala of the Puranas. This was sheer nonsense, as the Atala is one of the seven dwipas, or islands, belonging to the nether lokas, one of the seven regions of Patala (the antipodes). Moreover, as Wilford* shows, the Puranas place it “on the seventh zone or seventh climate,” — rather, on the seventh measure of heat: which thus locates it between the latitudes of 24 and 28 degrees north. It is then to be sought on the same degree as the Tropic of Cancer, whereas England is between the 50th and 60th degrees of latitude. Wilford speaks of it as Atala, Atlantis, the white island. And in vol. viii. of Journal of Asiatic Researches, p. 280, its enemy is called the “White Devil,” the demon of terror. For he says: “In their (the Hindu and Mahomedan) romances, we see Kai-caus going to the mountain of ‘As-burj, at the foot of which the Sun sets,’ to fight the Dev-Sefid, or white devil, the Taradaitya of the Puranas, whose abode was on the seventh stage of the world, answering to the seventh zone of the Buddhists, or the White Island….”

“…Wilford accuses the modern Brahmans “of having jumbled them (islands and countries) all together” (A.R. III. 300); but he jumbled them still more. He believes that as the Brahmanda and Vayu Puranas divide the old continent into seven dwipas, said to be surrounded by a vast ocean, beyond which lie the regions and mountains of Atala (ibid), hence “most probably the Greeks divided the nation of Atlantis, which, as it could not be found after having once been discovered, they conceived to have been destroyed by some shock of nature.”

Finding certain difficulties in believing that the Egyptian priests, Plato, and even Homer, had all built their notions of Atlantis on Atala — a nether region located at the Southern pole — we prefer holding to the statements given in the secret books. We believe in the seven “continents,” four of which have already lived their day, the fifth still exists, and two are to appear in the future. We believe that each of these is not strictly a continent in the modern sense of the word, but that each name, from Jambu down to Pushkara,* refers to the geographical names given (i.) to the dry lands covering the face of the whole earth during the period of a Root-Race, in general; and (ii.) to what remained of these after a geological (race) Pralaya — as “Jambu,” for instance: and (iii.) to those localities which will enter, after the future cataclysms, into the formation of new universal “continents,” peninsulas, or dwipas** — each continent being, in one sense, a greater or smaller region of dry land surrounded with water. Thus, that whatever …” (“Secret Doctrine”. H. P. Blavatsky. Vol. 2, p.402).

Es evidente que HPB no compartía la mayoría de las especulaciones de Wilford acerca de la “Isla Blanca” o de la identificación de la supuesta Atala con Atlantis y el Océano Atlántico, y en este sentido, las críticas que hace HPB se corresponden -en parte- con la realidad de la descripción en los textos del Vishnu Purana. Es cierto que esta supuesta Atala no puede ser la Isla de Atlantis como expone HPB: ”…but it was not (the Atlanic Land) the Atala and the “White Devil” of Colonel Wilford (see “Asiatic Researches,” Vol. VIII., p. 280), as already shown…”1; pues es evidente que esta supuesta Atala no es una isla, o dvIpa, sino una de las siete “lower regions or hells”, pAtAla, “piece, part, division, portion”, del “Under-World” de la mitología Hindú, que Bhaktivedanta Swami (2) traduce como “planets” (sin ninguna justificación), y que en ningún momento fue ubicada en el lejano Occidente, sino en una zona abismal o profunda relacionada con el mundo de la ”Muerte” como veremos a continuación.

No es Atala sino Cātalaḿ.

Lo más sorprendente de todo este asunto es que ni Wilford, ni HPB, ni otro autor que se haya hecho eco de estas tradiciones Hindúes sobre la supuesta región de Atala – hasta donde he podido confirmar – ha reconocido ¡jamás! que el nombre de esta región de los infiernos que siempre ha sido traducida como Atala, sencillamente ¡no existe!. Es una mera invención realizada por el primero que realizó una traducción a un idioma moderno occidental (al inglés), quien debió forzar los datos para que el nombre original que aparece escrito en los sagrados textos Hindúes, recordara al nombre de Atlas, y de esta forma poder sostener las hipótesis de que existía una mención a la Atlántida en los sagrados textos de la religión antigua de la India, y el sospechoso número uno, es Mr. Wilford.

Sin embargo, tal y como he descubierto, la evidencia paleográfica demuestra que el nombre de esta región de los infiernos en los textos más antiguos siempre ha sido escrito como Cātalaḿ, o sea, Cātala, pues esa ḿ final es un sufijo del complemento indirecto, pero la pronunciación siempre es Cātalaḿ (3). Este nombre, Cātalam, significa, ”Death”; “inanimate, lifeless matter”; traducción que se corresponde, perfectamente, con la función y descripción simbólica de esta región de los infiernos o ”Under-World”. Y no podemos ignorar el hecho que nos hacer recordar a nuestro gentilicio Catalán y el nombre mismo de Cataluña o Catalonia tal y como aparece en textos antiguos… En cualquier caso, más adelante veremos si existe o no una posible relación entre esas antiguas referencias hindúes y la antigua Iberia.

El Mar u Océano Occidental.

Los antiguos hindúes usaban algunos nombres para nombrar al “mar occidental”, como por ejemplo, mElcAr/mERkatti, “western side”; “the west”; mientras que mElkARRu, significaba también “west wind”. Estos nombres tienen una raíz que es parecida al fenicio Melkhar, pero en semita, esta palabra tiene un significado distinto: “Rey”; por consiguiente, es una mera coincidencia. También usaban los antiguos Hindúes el nombre pazcimAmbudhi, “océano occidental”, de pazca, “the west, occidental”, y Ambudhi, “the Ocean”.

Sin embargo, resulta curioso que “the celestials”; y “the occidentals Europeans”, eran denominados con un mismo nombre: mEnATTAr, que se traduce como ”…los occidentales de las regiones, o del país de ATTAr, o ATTAl…”, de mEn, “west; sky”, y ATTAr, o ATTAl, nombre que está relacionado con la palabra ATTALi (que también se pronunciaba como aTTAri), y que en Tamil es: “a person having ability to accomplish or to shoulder a responsibility”. Sin duda alguna la definición más parecida el significado del nombre griego Atlas, o Atlante, que en griego es también “the person having ability to accomplish or to shoulder a responsibility of to Support, or to Bear, or to Endure to Sky”; y que también hallamos en el nombre aTala, ”immovable”, “unmoved”, ”inflexible”, “irrevocable”, “peremptory”, “stable”; not “shaky”, “firm”. Pero hasta la fecha no he hallado que ningún otro autor, ni siquiera los que han intentado defender la mención de la Atlántida en los sagrados textos de la India, haya comentado absolutamente nada acerca de estas evidencias tan significativas, y tan reveladoras.

Todos estos significados son perfectamente aplicados en la mitología griega al dios o titán Atlas, o Atlante; pero también ATTAl, ATTAr oATTAlai, se traduce simplemente como, ”people of the country of the watchtower, or towers”. En Iberia tenemos muchos puntos de la geografía con el nombre de Atalaia (considerado como un nombre de origen árabe) que justamente significa “watchtower”. Entre Andalucía y los límites de Portugal existe un lugar con este nombre, Atalaia, que ha sido usado por los arqueólogos, justamente para denominar a una civilización de la Edad del Bronce.

Otro nombre usado para denominar al “Océano occidental”, era mElka-aTal; compuesto de mElk-, raíz de mElkai, “that which is farther or on the further side; the West, or western side”, y de aTal, raíz que está presente en el nombre de ATTAl, o sea, el nombre de “las regiones de los Europeos occidentales”. Por consiguiente, mElkaTal, es en realidad el nombre del ”Océano de Atal”; ”el Océano de las regiones europeas occidentales de Attal”; el Océano que ”it does not have bottom” (a-tala), el “bottomless Ocean”; o sea, ”el Océano Atlántico”.

El Abismo, el Infierno o Mundo Inferior.

A-tala, en Sánscrito, es traducido como ”abyss”, “bottomless”; ”N. of a hell beneath the earth”; literalmente: â, ”without, it does not have”,and tala, ”bottom, bäse, level”, o sea, ”it does not have bottom, without bottom, without bäse”. Y con este sentido, fue también uno de los nombres del dios Shiva, y esta dos raíces combinadas: a-tala, parecen estar también en el nombre de una las regiones del infierno, o”Underworld”, pues como hemos visto Cātalaḿ, es el ”name of a world under the earth”; ”the first region or world below the earth”.

Estos significados conectan con las ideas acerca de la región del Tartaros de los griegos, o sea, con la versión griega del mundo de los infiernos; región que también era ubicada en un punto de las regiones Occidentales de Europa, junto al Atlántico, y junto a Tartessos. De hecho, desde los tiempos de Homero, la mayoría de los eruditos y comentaristas antiguos, coincidieron en que el Tartaros, “the Abyss”, “the Hell”, o “UnderWorld”, de los griegos, estaba localizado en Iberia, y Estrabón registra la opinión de varios autores anteriores, que afirmaban que Homero usó el nombre de Tart-essos para crear el nombre de Tart-aros, lo que siempre ha sido considerado como una mera especulación de los autores antiguos, por el hecho de que ambas regiones fueron localizadas por algunos autores en esta parte del mundo, o sea, en Iberia, y porque ambas palabras comparten la raíz Tart-.

El concepto del reino o mundo de las muertos, asociado con las regiones extremas occidentales, fue compartido por muchas civilizaciones, debido a un razonamiento sencillo: el Sol siempre nace por el Este, y muere siempre por el Oeste. En este sentido, también los antiguos Hindúes, e Indonesios, asociaban a las regiones extremas del Occidente con el reino, o mundo, de los muertos, por ejemplo: aparAnta, oabarAnta, que en Sánscrito es: ”the western extremity, the country or the inhabitants of the western border; the extreme end or term; last end, death; the farthest west”, “the latter end”; ”Death Land”.

Conclusión:

Si alguna vez ha existido en los textos hindúes alguna palabra, o nombre, que realmente puediera ser relacionado con la Atlántida, y con el Atlántico o la Europa occidental, esta palabra solamente puedo haber sido – como hemos demostrado – ATTAr, o sus variantes ATTAL y ATTALi. Nombre que define a “la región o lugar de la tierra, donde vivían los europeos occidentales”. Nombre que nunca (subrayo), se usó para denominar al África occidental, ni a los africanos, sino solamente a los “europeos occidentales”, que además eran denominados con este nombre, como los “los seres celestiales”; una evidencia indiscutible de que para los antiguos Hindúes, y habitantes de Indonesia, los europeos de las regiones extremas occidentales de Europa, o sea, los europeos de Iberia, Francia, Alemania, e Islas Británicas, Irlanda, y Escocia, eran unos ”seres superiores”, o sea, ”seres celestiales”, como lo demuestra el hecho de que la raíz mEn, que está presente en el nombre de mEnATTAr, o sea, ”…los occidentales de las regiones, o del país de ATTAr, o ATTAl…”, además de singificar ”the west”; “the sky”, también significaba ”leadership; superiority; excellence; the great, knowledge; and science”. Y estos “seres celestiales, excelentes, superiores, y científicos” vivían junto a las costas del “Océano occidental”, mElk-aTal, o sea, “el océano de aTal, o de aTala, que no es la región de los infiernos conocida como Cātalaḿ y traducida erróneamente (o deliberadamente) como Atala, sino otro lugar, el país o región del “ser celestial europeo”, “that is inflexible”, “irrevocable”, “peremptory”, “stable”; not “shaky”, “firm”, o sea, el Atlas o Atlante mismo de los griegos.

Esto hechos que he descubierto después de una análisis o revisión de los textos en escritura antigua Hindú, demuestran que los Hindúes, sí algunas vez conocieron alguna tradición sobre los Atlantes, ellos entonces creyeron que las regiones del país de los Atlantes, y el “Océano Occidental de Attal”, o de Atlantis, estaría justamente en el actual Océano Atlántico, y junto a las costas de la Europa occidental, nunca junto a las costas de Libia, o África, ni en Mauritania, ni en ningún otro lugar cercano a la India; y toda esta información es completamente coherente con los datos que he descubierto en los más antiguos códices y papiros griegos, atribuidos a Hesíodo, y que son anteriores a los tiempos de Herodoto, en los cuales – sin ninguna duda – las Montañas y regiones del reino o morada de Atlas, o Atlante, son ubicadas en las regiones extremas de la Europa Occidental, que desde el punto de vista de los griegos se corresponde exactamente con las Montañas de Iberia y en especial con las Montañas de Andalucía.

Finalmente, según parece, en líneas generales mis descubrimientos permiten confirmar la antigua hipótesis de que en los textos Hindúes podría haber existido una mención de Atlantis, incluso con un nombre parecido. En este sentido sería cierto que los Hindúes conocieron las regiones del país de los Atlantes, y al parecer también ellos conocieron algunos hechos, o datos, acerca de la Historia de Atlantis, al menos respecto a la Geografía, y a la condición de los Atlantes como ”seres superiores”, o ”seres celestiales”. Pero también es cierto que los Hindúes ¡nunca! creyeron que las regiones del país de los Atlantes, o descendientes de ATALI, o ATTAL (como he descubierto y demostrado), o sea, del Atlas de los griegos, hayan estado jamás en ningún punto del Asia Menor, ni en Arabia, ni en Indonesia, ni en ninguna región cercana del Océano Pacífico, o del Océano Índico; ni tampoco que fue la ”Isla Blanca” misma, ni la región del infierno mal traducida (por error, o deliberadamente) como Atala, sino otra región distinta, ubicada en el “Océano Occidental”, en las regiones de la Europa Occidental, o sea, fundamentalmente en las costas de Iberia y Francia, Alemania, y las Islas Británicas, Irlandesas, y Escocesas; como también es ¡absolutamente cierto!, que estas regiones de los Atlantes, según las evidencias que existen en los textos Hindúes, no estaban en las regiones occidentales de África.

Sin duda alguna, las pruebas paleográficas que he hallado en los más importantes textos antiguos de las civilizaciones antiguas de la India, e Indonesia, demuestran que la única teoría verdaderamente lógica, coherente – y por ende, más científica – que puede ser sostenida, según todas las fuentes antiguas conocidas (incluso a través de estas nuevas fuentes Hindúes ahora reportadas), sigue siendo la teoría de Atlantis como un reino que existió, fundamentalmente en las regiones Occidentales de Europa, más allá de cualquier duda razonable, en Iberia, pues es la única Nêsos que ha existido junto a los Pilares de Hércules, con una región o provincia denominada como Gadeira, y que encaja perfectamente con la descripción de los textos Hindúes, porque Iberia es una región de la Europa occidental, que además confina con el Océano occidental de ATTAL, o ATTAR, o sea, con el Océano de Atlas, el mismo Atlántico que fuentes judías y arábes denominan como mar de Atel o de Atal.

Notas:

  1. ”…Francis Wilford, office in the army of East India Company, devoted his time to studyding geographical sections of the Puranas. He sought help from a pandit in reading Puranas and extracting information. The pandit was given money to hire assistants and was also given a place in a college in Benaresas an encouragement. The pandit presumably pocketed the money, composed 12000 brand new Sanskrit slokas (verses) and inserted them into Skanda, Bramhanda and Padma Puranas. It took sometime to discover this fraud. One insertion in Padma Purana, in nine verses recounted the story of Noah, his three sons, and the curse of Ham…” (Aryans and British India. Chapter 2: British Indomania; Thomas R. Trautmann, ISBN 0-520-20546-4, Call number DS425.T68 1997, Universityof California Press).Al respecto el Prof. Benjamin Braude dice: “…Taylor argued that a passage from an ancient Hindu text, the Padma Purana, recently published by the Asiatic Society and translated by its leading light, the distinguished Sanskrit scholar Sir William Jones, independently supported Tabari’s claim that Ham was the one cursed. The passage recapitulated the story of Noah’s three sons, here renamed Sarma, Kharma and Jyapati. Their father, the king, was drunk and naked. Kharma failed to cover him. When the king awoke he cursed Kharma, “Thou shalt be the servant of servants”. Now an independent ancient authority had proved that Ham and the Hamites were indeed cursed with slavery (Calmet’s Great Dictionary of the Holy Bible… Revised, Corrected, and Augmented, with an entirely new set of plates… under the direction of Charles Taylor… 3 vols.,London, 1797-1801.).  The article by Francis Wilford that incorporated Jones’ translations appeared in 1792.Taylor quickly integrated it into his new edition of Calmet that was to remain in print, both inEngland and theUnited States for decades. However in 1805 Wilford confessed to an embarrassing discovery, the verses about Sarma (Shem), Kharma (Ham), and Jyapati (Japhet) were not in the Padma Purana. Decades earlier he had hired at some expense a Hindu pandit to review Sanskrit literature in search of the answers to his important questions. He sought ancient pagan resolution of the obscurities of the Bible. The pandit produced what was requested, but years later Wilford was mortified to learn that he was complicit in a fraud. The obliging assistant had produced several thousand brand new ancient verses, the sons of the drunken king among them (Thomas R. Trautmann, Aryans and British India,Berkeley, University ofCalifornia Press, 1997, pp. 90-3.). The next edition, unlike Wilford, failed to acknowledge the fraud. Well into the 1820s the tainted interpretation of the Curse was reprinted (The Purana account appears unchanged in the elaborate American edition Augustin Calmet’s Great Dictionary of the Holy Bible, Historical Critical, Geographical, and Etymological… Revised, Corrected, and Augmented, with an entirely New Set of Plates, Explanatory, Illustrative, and Ornamental; under the direction of C[harles]. Taylor, 5 vols. Charlestown, Massachusetts, 1812-1817, vol. 3, pp. 25-27)…” [“Ham and Noah: Race, Slavery and Exegesis in Islam, Judaism, and Christianity”). Benjamin Braude. Department of History.BostonCollege. Annales: Histoire, Sciences Sociales. March, 2002]
  2. “Secret Doctrine”. H. P. Blavatsky. Vol. 2, pp. 107.
  3. Bhāgavata Purāṇa. S’ri-mad Bha-gavatam. Translated by A. C. Bhaktivedanta Swami, 1962. “… Ernest Wood & S.V. Subrahmanyam, en 1911, tradujeron un pasaje como este, pero de otro texto, de la siguiente forma: ”…Below the feet is called Atala; above the feet, Vitala; at the knees know it as Sutala; at the thighs Mahâtala…” (Garuda Purana. Translated by Ernest Wood and S.V. Subrahmanyam. Chapter XV; 59-69; “An Account of the Coming to Birth of People who have done Good”; 1911). Sin embargo, en el texto original, la forma usada es Cātalaḿ como en el resto de los sagrados textos Hindúes. Algunos autores para justificar la interpretación del nombre de Atala, o sea, la eliminación de la sílaba Cā, han argumentado que Cā es en realidad un prefijo añadido, que significa: ”y también”; sin embargo, esta especulación no puede ser sostenida, porque sencillamente siempre está escrito como parte del nombre, y hasta en posiciones del contexto de la narración donde no se puede justificar que delante del supuesto nombre de *Talaḿ, o *Atalaḿ aparezca la conjunción Cā, ”y también”. Por ejemplo, Cātalaḿ siempre es el primer nombre de las regiones del inframundo que es mencionado cuando son listados todos. Veamos otro ejemplo:“… tat-kaṭyāḿ Cātalaḿ kḷptam ūrubhyāḿ Vitalaḿ vibhoḥ jānubhyāḿ Sutalaḿ śuddhaḿ jańghābhyāḿ tu Talātalam Mahātalaḿ tu gulphābhyāḿ prapadābhyāḿ Rasātalam Pātālaḿ pāda-talata iti lokamayaḥ Pumān…” (S’ri-mad Bhagavatam 2.5.40-41) “…In his waist Cātalaḿ; situated on the thighs of the Lord, Vitalam; on the knees, on the purified joints, Sutalam; Talātalam on the shanks, but Mahātalam is situated on the calves, Rasātalam on the upper or front portion of the feet, and Pātālam on the bottom or soles. Thus contains the worlds the Supreme Spirit…” (traducido por Georgeos Díaz-Montexano, 2007).

ANEXOS:

Algunas notas curiosas adicionales…

– En indoeuropeo y en la mayoría de los dialectos Indoiraníes, ‘tArtIya’ (pronunciado en inglés como Tarteeja, o Tarteeia) se traduce como “lo triple”, o sea, “algo compuesto por tres cosas”, (¿tres anillos, o fosos?). Recordemos que en Sevilla aún existe, junto al río Guadalquivir, un barrio que es conocido desde tiempos remotos (nadie sabe desde cuándo) con el nombre de ‘Triana’, que en Latín, y en muchos otros idiomas indoeuropeos, se traduce como “tres anillos o tres ríos o corrientes de agua”… ¿simples coincidencias?…

– ‘Tarda’ se traduce como, ”de color oscuro”, igual que el nombre de un pájaro de color negro que los romanos llamaban ‘Turdus’. Y exactamente este es el significado del nombre griego Phaiakês, ”de color oscuro”. Por consiguiente, los ‘Turdu-los’, o ‘Turdos’, del país de ‘Turde-tania’, podrían ser los mismos ‘Phaiakês’ (Feacios) de Homero, los cuales moraban en Skhería (pronunciado Sjeria ¿Acaso Iberia mal copiada como por los primeros copistas?).

– También en indoeuropeo, la raíz ‘Tard’ se traduce como ”a hole, cleft”, lo cual podría ser un nombre que recordaba al gran terremoto que destruyó la ciudad de Atlantis o de Tartessos…

The seven (lower regions called) Pâtâlas, and the seven Worlds (Loka), the seven Islands (DvIpa), and the seven Oceans (Samudra).

“…The seven Pâtâlas are, Atala, Vitala, Sutala, Mahâtala, Rasâtala, Talâtala, and Pâtâla; the seven worlds are, Bhûr-loka, Bhuvar-loka, Svar-loka, Mahar-loka, Ganar-loka, Tapar-loka, and Satya-loka; the seven Dvîpas or divisions of the terrestrial world, are, Gambu, Plaksha, Sâlmalî, Kusa, Krauñka, Sâka, and Pushkara; each Dvipa is encircled by one of the seven oceans, viz. the seas of Lavana (salt-water), Ikshu (syrup), Sarpih (butter), Dadhi (sour milk), Dugdha (milk), Svâdhu (treacle), and Udaka (water), (Nand.) The enumerations contained in the Vishnu-purâna and other works differ on two or three points only from that given by Nand…” (Note: 15. 1 from “Vishnu. The Institutes of Vishnu”. Translated by Julius Jolly. Sacred Books of the East, Vol. 7.Oxford, the Clarendon Press; 1880). Nota: en el texto original es: Câtalam, Vitalam, Sutalam, Mahâtalam, Rasâtalam, Talâtalam, Pâtâlam.

Nombres del Océano en lenguajes Hindúes e Indonesios:

A-samudram, or A-samudrAt, “as far as the ocean” or “from the ocean”.

abdhi, “a pond, lake”; “the ocean”.

ambhodhi / ambudhi, “receptacle of waters”, “the ocean”.

ambhonidhi, “the ocean”.

apAmpati, “the ocean”.

appati, “the ocean”.

bhuvis, “the sea , ocean”, f. “heaven”.

Sagaravari/sagara/sayara, ”the ocean”.

Nombres equivalentes a Poseidôn o Neptune:

ambunAtha y/o apAMnAtha, “lord of the waters”, “the ocean” (= Poseidôn o Ôkeanós).

arNavapati, “lord of the seas”, “the ocean” (= Poseidôn o Ôkeanós).

VaruNa, “lord of the sea or of rivers”; hence in the later mythology he became a kind of Neptune or Poaseidôn, and is there best known in his character of god of the ocean; he is the regent of the western quarter… vAruNI, f. the western quarter or region (presided over by VaruNa), the west… VasudhA, is the capital of VaruNa in the western ocean…

pAtAla. n. One of the 7 regions under the earth and the abode of the Nagas or serpents and demons; sometimes used as a general N. for the lower regions or hells; also N. of a town in the serpent-world; an excavation, hole in the earth; she submarine fire L.; (in astrol.) the fourth house Var…

Bibliography:

– A Compaerative Dicctionay of the Indo-Aryan Languages. R.L. Turner.OxfordUniversity Press, 1966.

-MadrasTamil Lexicon (TL). 1924-39.

– Secret Doctrine”. H. P. Blavatsky. Vol. 2, pp. 107-402.

– Francis Wilford, “On the Geographical Systems of the Hindus,” Asiatick Researches,London, 1805, p. 8.

– Francis Wilford, “An Essay on the Sacred Isles in the West”. Asiatick Researches: Or, Transactions of the Society Instituted in Bengal, for Inquiring Into the Arts, Sciencies, and Literature ofAsia. Volume X. 1811; p. 37.

– The S’rîmad Devî Bhâgawatam. Translated by Swami Vijñanananda. 1921-22.

– The Vishnu Purana. Translated by Horace Hayman Wilson. 1840.

– The Devî Gita. (Song of the Goddess). Excerpt from the Srimad Devî Bhagavatam. Translated by Swami Vijnanananda (Hari Prasanna Chatterji). 1921.

– Vishnu. The Institutes of Vishnu”. Translated by Julius Jolly. Sacred Books of the East, Vol. 7.Oxford, the Clarendon Press; 1880.

– Garuda Purana. Translated by Ernest Wood and S.V. Subrahmanyam. Chapter XV; “An Account of the Coming to Birth of People who have done Good”; 1911.

– Mahanirvana Tantra. Tantra of the Great Liberation. Translated by Arthur Avalon. (Sir John Woodroffe). 1913.

Agradecimientos especiales. Quiero manifestar mis más sincero agradecimiento a los siguientes buscadores de Atlantis: Rajesh, Julia, y Qoais (de Atlantis Rising), pues debido a sus constantes insistencias en los datos erróneos o falsos, relacionados con la “Isla Blanca” como traducción del nombre de Atala, y de que esta “Isla Blanca” o Isla de Atala se hallaba cercana a las Canarias, me sentí obligado a revisar unos textos que hacía años que no consultaba y que ya había prácticamente olvidado casi en su totalidad. Ciertamente, si ellos no hubieran insistido tanto en esos datos erróneos o falsos, y en la absurda hipótesis de que Atlantis estaba en Indonesia o en los alrededores de la India, probablemente jamás habría descubierto -en estos textos de tradiciones Hindúes- estas evidencias tan importantes que ahora con fundamento filológico podemos decir que sí podrían ser relacionadas con la Atlántida de Platón. Por consiguiente, mis más sincera y eterna gratitud para ellos.