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¿Grandes olas y una ballena en la escena de la gran flota de barcos de Sesostris III?


La numerosa flota de barcos de Sesostris III como posible símbolo de la tradición sobre la numerosa flota naval de Atlantis. Nueva hipótesis atlantológica. Continuación.

Por Georgeos Díaz-Montexano, President Emeritus of Scientific Atlantology International Society (SAIS), Accepted Member of The Epigraphic Society, Historical-Scientific Atlantology Adviser for National Geographic Channel, James F. Cameron and Simcha Jacobovici.

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En el artículo anterior1 os propuse como hipótesis la posibilidad de que la escena de la gran flota de barcos que fue representada como grafitos sobre el estuco de los muros de una tumba de barco de Sesostris III de la Dinastía XII pudiera ser una representación o memoria de la misma tradición sobre invasión o colonización proveniente del Occidente, del mar Atlántico, que perduró entre los egipcios hasta los tiempos en que Solón visitó Sais hacia el 580 o 570 AC. En esta ocasión vamos a analizar otras pistas que apuntan a que esta gran flota de barcos no está navegando por el río Nilo sino por mar abierto por una océano. Son dos las pistas que considero más significativas: 1. posible representación de grandes olas para indicar que los barcos navegan por un mar de gran oleaje u océano, 2. posible ballena azul o jorobada (yubarta) representada justo en el momento en que la mitad posterior de su cuerpo queda visible tras la típica maniobra de inmersión en forma de arco.

Finalmente, vamos a analizar también dos pistas más que refuerzan la hipótesis atlántica como origen, procedencia o destino de la mayoría de los barcos, especialmente de aquellos que presentan típicos protómos de équido o ánade que a modo de acroteriones se muestran en la proa y a veces en popa, pero mirando siempre hacia proa, tal como se expuso en el anterior artículo…

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Georgeos Díaz-Montexano: ¿Se remonta al Paleolitico el culto a Poseidón?


Por Georgeos Díaz-montexano

El Caballo y el Toro, eran los dos animales tributos principales del dios Poseidón, dios de los mares y todas las fuentes acuáticas. 

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El Caballo y el Toro eran los dos animales tributos principales del dios Poseidón, dios de los mares y de todas las fuentes acuáticas. Un misterio que nadie aún ha resuelto es porqué ambos animales fueron consagrados al dios Poseidón como los principales en vez del Delfín y la Orca o la Ballena y el Atún, siendo Poseidón -principalmente- una divinidad de los mares. Los delfines, las orcas y otros cetáceos, y el atún mismo, por supuesto que aparecen asociados a Poseidón en ciertas representaciones, incluso en el relato de la Atlántida se menciona el delfín, aunque una sola vez y como parte de las estatuas de las ninfas acuáticas, las Nereidas, que solían ser representadas encima de estos bellos animales marinos. Pero nunca fueron estos animales acuáticos los principales en el culto a Poseidón. Solo el Caballo y el Toro fueron los más importantes, incluso casi los únicos en determinadas épocas y lugares.

Lo único que se sabe -más bien se asume- es que los orígenes de tal tradición mágico-religiosa y mitológica, donde el équido y el bovino se convirtieron en los dos animales principales del culto a Poseidón se remonta a épocas muy antiguas, muy anteriores a los mismos griegos. Algunos autores antiguos acreditan que el culto a Poseidón lo tomaron los griegos de la antigua Libia occidental, o sea, de las regiones próximas a la Maurusia, gran parte de lo que hoy es Marruecos. Justo enfrente, en Iberia, en el mismo Arte Rupestre del Paleolítico Superior, podríamos tener una evidencia de los orígenes del culto a un «Ser» o «Divinidad» que sería el antecedente más antiguo del dios Poseidón. Un hecho -estadísticamente confirmado- para el cual no hay explicación coherente alguna, al menos de momento, es que el Caballo y el Bisonte, fueron prácticamente los dos animales más representados, o que ocuparon las posiciones más relevantes dentro de las cuevas, entendidas estas como santuarios. No se sabe porqué fue así, pero lo cierto es que justo el Caballo y el Bisonte o el Toro en algunas, fueron dos de los animales más representados en las cuevas con arte parietal paleolítico, y con gran diferencia con respecto a otros, con excepción de los cérvidos.

En término generales, teniendo en cuenta todas las cuevas de la cornisa Astur-Cántabro-Aquitana, por orden, entre los tres más representados se hallan el Bisonte o Toro, el Caballo y el Mamut. Aunque el Bisonte o Toro y el Caballo, muchísimo más que el Mamut o el gran elefante meridional (Elephas antiquus). El resto de los animales representados con más frecuencia son los ciervos y las cabras, y después de estos las demás especies, incluso las acuáticas mismas.

Resulta cuando menos curioso que justo los tres animales más representados en el ranking de las representaciones globales animalistas del Arte Rupestre del Paleolítico Superior en Europa occidental, el Caballo, el Bisonte o Toro y el Mamut, se correspondan con los tres únicos animales que explícitamente se mencionan en el relato sobre la Atlántida del Critias de Platón, y que son, precisamente, el Caballo, el Toro (equivalente del Bisonte o el Toro paleolítico), y el Elefante (equivalente del Mamut), del cual se puntualiza en el mismo Critias, era una especie propia y la más grande de todas las especies de elefantes, por lo que es probable que se tratara del mismo Mamut o del Elephas antiquus, representados en las cavernas con Arte Rupestre paleolítico.

Como quiera que sea, diciéndose en el relato del Critias, que en la Isla Atlántica había todo tipo de especies de animales, tanto terrestres como acuáticas, solo se mencionan el Caballo, el Toro, y el Elefante, lo que justo coincide con los tres animales (Caballo, Bisonte/Toro y Mamut) más representados, y con gran diferencia, en todo el repertorio del Arte Rupestre Paleolítico occidental, esto a nivel general, pues en Iberia abundan más el Caballo y el Bisonte que el Mamut.

Todo ello demuestra, más allá de cualquier duda razonable, que estos dos animales, el Caballo y el Bisonte/Toro, eran los más importantes, y no porque fueran los que más se comían nuestros antepasados de aquellos tiempos, al contrario, eran otras especies las que más consumían, y, de hecho, algunas de las que más consumían (tal como se ha comprobado por excavaciones arqueológicas) rara vez las representaban, y lo mismo respecto a que estas fueran heridas simbólicamente cuando, por ejemplo, en las cuevas de Cantabria solo se conoce un caso claro entre más de cien. El catedrático y académico de Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Real Academia de la Historia, Luis Díez del Corral, en el prólogo a la edición de 1984 del legendario libro, “La Cueva de Altamira en Santillana del Mar”, de Henri Breulí y Hugo Oberrnaier, cuestiona la interpretación de ritos mágicos para la caza con estas más que elocuentes palabras:

«Existen buenas razones para pensar que las figuras de animales paleolíticos constituyen más un bestiario que una colección de animales comestitles. Ciertas anomalías cuestionan la suposición de que las figuras animales sirvieran como blanco mágico para los cazadores: el número de animales heridos no superan el 4 por 100 de la totalidad de los representados. En las cuevas de la España Atlántica, de los 107 Bisontes que en ellas aparecen solo 1 está herido»

Por ello, la vieja teoría de que las representaciones gráficas animalistas eran de tipo propiciatorio, o sea, “magia simpática” o “magia propiciatoria o causativa”, para propiciar la abundancia de las especies que más consumían hace tiempo que se fue al traste, aunque algún despistado halla por ahí todavía, manejando viejas bibliografías y que no lo sepa aún, o no quiera darse por enterado de tales hechos estadísticos.

Solo queda aceptar que, al menos el Caballo y el Bisonte o Toro, los dos más representados, eran los más importantes con diferencia, pero no porque fueran los más cazados o consumidos, como ha quedado demostrado, sino porque significaban algo más, algo que no responde a la mera necesidad alimentaria, algo que seguramente tendría que ver con el mundo espiritual y mágico-religioso de los hombres del Paleolítico Superior occidental, y ese «algo», esa idea, o «creencia», sería trasmitida hasta quedar implantada como los animales más importantes en el culto a Poseidón, por ejemplo. Y si esto fue así, es decir, si pasaron al culto de Poseidón, el dios de los mares y de todas las fuentes acuáticas y también dios de los terremotos, maremotos y tsunamis, y no terminaron siendo los dos animales principales del culto de su hermano Zeus o del otro hermano, Hades, ni de ninguna de las otras divinidades (aunque también se usaron junto con otros animales como tributos secundarios o adicionales de otras divinidades), es porque, sencillamente, estos dos animales, el Caballo y el Toro, antes, en tiempos paleolíticos (Caballo y Bisonte/Toro), eran ya adorados en algún culto relacionado con alguna divinidad o espíritu de la naturaleza al que se le atribuía el control sobre las aguas, los terremotos, maremotos y tsunamis. Por tanto, una divinidad que sería el antecedente del mismo Poseidón de los griegos, nada menos que el dios principal de la muy cercana Isla Atlántida, según indican las fuentes primarias conservadas.

De lo anterior se podría inferir que en el Paleolítico Superior occidental, especialmente en Iberia y suroeste de Francia, la divinidad o entidad espiritual que era adorada como la más importante sería el antecedente del posterior dios de las aguas, los mares, terremotos, maremotos, y tsunamis. Probablemente un «Ser», «Espíritu», o entidad superior que -como divinidad- controlaba las fuerzas principales de la naturaleza, y no solo las citadas, seguramente también las lluvias y los truenos, pero que después terminaría siendo asimilado con el dios Poseidón, como mínimo ya en tiempos de los griegos micénicos, por ser esta divinidad la que mayor similitud presentaba. Para los griegos, Poseidón era una divinidad de origen remoto occidental, un dios de pueblos bárbaros y primitivos. Probablemente, el vago recuerdo que conservaban los griegos del origen del mismo dios, que bien podría ser una evolución posterior del «Ser Superior» adorado por los hombres del Paleolítico Superior occidental, especialmente en Iberia y Francia, como mínimo desde unos 15.000 años antes.

No debería pues extrañarnos la presencia de ese otro misterioso «Ser» pintado junto a posibles embarcaciones y con aspecto medio humano y medio animal, con cabeza en forma de «tridente» y junto a un posible jeroglífico o logograma de ‘agua’ o ‘mar’ y con unos signos lineales ELPA, que traducidos en lenguas de las más antiguas que se suponen hablarían en esos mismos tiempos, arrojan -precisamente- un nombre que coincide con el de otra antigua divinidad relacionada con el Tritón y el mismo Poseidón: el nombre del dios-pez o dios de los mares, Dagón.

Referencias bibliográficas en mi último libro (http://www.facebook.com/jorge.diazsanchezz/posts/340756089424516) sobre Escrituras Lineales Paleolíticas (continuación de Escrituras Atlánticas. Las escrituras lineales postpaleolíticas), ya próximo a su lanzamiento, veremos como toda esta hipótesis se argumenta mucho mejor, con ejemplos no solo como los ya citados, sino con muchas representaciones de barcos, expediciones marítimas representadas en escenas y hasta con un posible mapa de la misma isla Atlantis junto a Iberia, y escenas de barcos atracando en un muelle o playa, y también, con inscripciones en signos de Escritura Lineal Paleolítica (ELPA), y hasta una posible representación del mismo Ser superior, antecedente de Poseidón, representado el mismo con una cabeza en forma de tridente, como si estuviera nadando sobre las aguas, y con un nombre escrito a su lado, cuyo significado resulta más que revelador.

Georgeos Díaz: El enigma de los Gigantes y Titanes Atlantes de Giulio Romano


Georgeos Díaz-Montexano, Scientific Atlantology International Society (SAIS)

El enigma de los Gigantes y Titanes Atlantes de Giulio Romano

Poseidón en la Sala Dei Giganti (Sala de los Gigantes) del Palazzo Di Tè
Poseidón en la Sala Dei Giganti (Sala de los Gigantes) del Palazzo Di Tè

Giulio Romano (b. ca. 1499, Roma, d. 1546, Mantova), uno de los más brillantes pintores del renacimiento, célebre por sus magníficas decoraciones de frescos y murales del Palazzo Ducale de Mantua, Italia, pintados hacia 1538, nos legó un fascinante y enigmático mural donde representó una enigmática isla con una elevada acrópolis, que los estudiosos de Historia del Arte han considerado una representación del Monte Olimpo, o sea, el monte donde moraban los dioses griegos, por ello mismo llamados olímpicos, los seguidores de Zeus. Esta es la tesis oficial. Sin embargo, creo que es errónea…

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