¿Desciframiento de inscripciones paleolíticas en la Cueva de Altamira?

¿Desciframiento de inscripciones paleolíticas en la Cueva de Altamira?


Si difícil resulta determinar los correctos valores fonéticos del sistema ELPA, teniendo en cuenta que algunos signos presentan diferentes valores en cada sistema, más difícil aún es -por no decir imposible- poder reconstruir sus valores silábicos, especialmente en cuanto al vocalismo. Consciente de ello, el autor se ha limitado -de momento- a incluirlos en una tabla fonética meramente consonántica y vocálica (Fig. 79), de acuerdo a los valores que el autor tiene como más seguros, o más probables, de acuerdo a la comparación con los sistemas más cercanos, o sea, los hallados entre Iberia y Francia (ELA) y el noroeste de África (Lib-ber-can), y especialmente en las escrituras silábico-alfabéticas prerromanas de Iberia. Por ello, se verá que algunos signos aparecen con varios posibles valores fonéticos, pero, obviamente, no porque fueran polifónicos, sino porque, simplemente esos son los valores que presentan en cada uno de los citados sistemas que se han comparado. De momento, solo los sistemas silábico-alfabéticos de Iberia (tartessio o sublusitano, ibérico meridional, ibérico levantino y celtíbero) y el signario ELA, por ser este el que sigue en antigüedad al ELPA, y que podría haberse inventado en Iberia durante el Epipaleolítico mismo, o principios del Neolítico. Véase la primera entrega de esta serie, sobre la Escritura Lineal Atlántica (ELA).

Signario de la Escritura Lineal Paleolítica (ELPA), compilado de los registros publicados del grafismo parietal y mobiliar del Paleolítico Superior y periodo Aziliense, ordenados de acuerdo a hipótesis fonográfica, teniendo en cuenta las semejanzas con signos de los sistemas más cercanos conocidos de Iberia, Francia y el noroeste de África.

 

Figura 79. Signario de la Escritura Lineal Paleolítica (ELPA), compilado de los registros publicados del grafismo parietal y mobiliar del Paleolítico Superior y periodo Aziliense, ordenados de acuerdo a hipótesis fonográfica, teniendo en cuenta las semejanzas con signos de los sistemas más cercanos conocidos de Iberia, Francia y el noroeste de África.

A pesar de tales limitaciones y de la relativa subjetividad que subyace en estudios de esta clase, donde se intenta demostrar una tesis escriptológica tan controvertida como la existencia de un signario fonográfico ya en uso en pleno Paleolítico Superior, el autor, pudiéndose quedar en la fase inicial de la mera compilación y comparación morfológica de los signos, decidió ir algo más allá. Así, tras haber concluido el ordenamiento de los signos en una tabla fonética, el autor se dispuso a la más difícil, si cabe, tarea de intentar traducir con un mínimo de coherencia, aunque sea una palabra o frase que pudiera ayudar bien a corroborar o a descartar hipótesis. Los primeros intentos fueron realizados con secuencias de signos lineales escritos en la misma Cueva de Altamira, junto a dos de los bisontes centrales. Estos fueron los primeros signos lineales que el autor pudo apreciar tras el primer vistazo a las más emblemáticas publicaciones sobre esta maravilla de nuestra especie humana. Los signos ya habían sido advertidos en 1906 por Émile Cartailhac y Henri Breuil. El talentoso Breuil los incluyó en una excelente lámina donde reprodujo con envidiable fidelidad no solo las figuras de los bisontes sino también los signos lineales de tipo «alfabetiformes» que fueron escritos junto a estos. Como se puede observar (Figs. 80 y 81), los signos fueron escritos casi rodeando a dos bisontes: uno joven que está mugiendo y otro adulto yuxtapuesto, por detrás, que asoma su cabeza y parte del tronco por debajo del anterior. Los signos son idénticos a otros que miles de años después usaban los íberos y celtíberos. Partiendo de los valores fonéticos conocidos de estos, el autor se propuso intentar una lectura y traducción de tales signos ELPA. El primer intento fue publicado en la revista Arqueología y Enigmas de la Historia (nº 4, 1996), en la segunda parte de una trilogía sobre las antiguas escrituras lineales paleolíticas. La lectura y traducción de entonces ha sido modificada por el autor con el paso de los años, por lo que la hipótesis interpretativa más reciente y más probable o cercana, por fundarse en una cantidad mayor de nueva información científica de mejor calidad, es la que se publica en esta obra.

Fig. 80. Dibujo de Henri Breuil (1906) de joven bisonte mugiendo y bisonte adulto yuxtapuesto, asomando el tronco. Rodean ambos animales claros signos lineales idénticos a otros usados miles de años después por íberos y celtíberos. Foto: D.P.

Fig. 80. Dibujo de Henri Breuil (1906) de joven bisonte mugiendo y bisonte adulto yuxtapuesto, asomando el tronco. Rodean ambos animales claros signos lineales idénticos a otros usados miles de años después por íberos y celtíberos. Foto: D.P.

Fig. 81. Detalle de la parte inferior de la misma lámina anterior. De izquierda a derecha se reconocen dos signos ELPA: K@P@, ‘pezuña’; ‘rostro’, ‘tronco’ o ‘parte delantera del cuerpo’ (justo escrita sobre las pezuñas y el rostro del bisonte adulto), y debajo de su pecho, los signos que conforman la palabra: T@K@, ‘detrás’, ‘por detrás’. Exactamente ‘por detrás’, del bisonte joven que está mugiendo, está representado el bisonte adulto, cuyo tronco asoma por debajo. Estas palabras, pertenecen al léxico reconstruido del Euroasiático y el Boreano, macrofamilias de lenguas que los lingüistas historiadores estiman ya serían habladas durante el Paleolítico Superior. Foto: D. P. Colores reforzados digitalmente.

Fig. 81. Detalle de la parte inferior de la misma lámina anterior. De izquierda a derecha se reconocen dos signos ELPA: K@P@, ‘pezuña’; ‘rostro’, ‘tronco’ o ‘parte delantera del cuerpo’ (justo escrita sobre las pezuñas y el rostro del bisonte adulto), y debajo de su pecho, los signos que conforman la palabra: T@K@, ‘detrás’, ‘por detrás’. Exactamente ‘por detrás’, del bisonte joven que está mugiendo, está representado el bisonte adulto, cuyo tronco asoma por debajo. Estas palabras, pertenecen al léxico reconstruido del Euroasiático y el Boreano, macrofamilias de lenguas que los lingüistas historiadores estiman ya serían habladas durante el Paleolítico Superior. Foto: D. P. Colores reforzados digitalmente.

Tal como puede apreciarse, debajo del joven bisonte mugiendo hay dos signos ELPA que encuentran sus homólogos más cercanos en los silabogramas ibéricos Ta-Ka (que también podrían ser leídos como Ta-Ga/Da-Ka/Da-Ga) o Ta-Ke (también, Ta-Gue/Da-Ke/Da-Gue). Según la posición en la que realmente hayan sido escritos, el signo semejante al silabograma Ka en realidad se correspondería con el silabograma íberoceltíbero Ke. Teniendo en cuenta que se trata del techo de la caverna, en este caso no podemos saber con exactitud cuál sería la posición correcta en la que el signo fue escrito. La posición de ambos signos revela que la secuencia parece haberse escrito de izquierda a derecha, y en ese caso, la forma y orientación del signo se corresponderían con el silabograma íbero-celtíbero Ke. No obstante, el autor ha preferido centrarse más en las consonantes que en las vocales que realmente acompañarían los signos del sistema silábico-alfabético ELPA. Los valores fonéticos, especialmente los vocálicos, de los silabogramas del sistema ELPA, no tienen porque ser exactamente los mismos (aunque sí semejantes o aproximados) que en los sistemas ibéricos y celtíberos, aún aceptando o asumiendo la hipótesis de ser estos sus descendientes, pues con toda probabilidad, en los miles de años que median entre el final del Paleolítico Superior y los inicios de la Edad del Hierro, cuando se cree que surgieron los silabarios prerromanos de Iberia, estos ya podrían haber cambiado considerablmente. Siendo pues las vocales los fonemas más inestables, el autor usará siempre -por mera convención- un signo de @ supraescrito (@), para indicar con ello que la vocal es incierta o que aún no es posible determinarla con mayor certeza.

Para intentar traducir las palabras escritas en ELPA, el autor ha considerado que lo más correcto sería valerse de las voces reconstruidas por los lingüistas históricos para tiempos tan remotos como estos del Paleolítico Superior, acudiendo a lenguas algo más jóvenes, lo más inmediata posibles (lenguas del Neolítico), solo en muy contados casos, cuando la voz hallada en tales lenguas parece responder mucho mejor a la escena o un elemento de la misma. A fin de cuenta, muchas voces que se estiman de los tiempos Neolíticos, perfectamente podrían ser mucho más antiguas de lo asumido. En cualquier caso, la regla adoptada por el autor ha sido valerse, principal y preferentemente, de las lenguas que se hablarían o que debieron hablarse en tiempos del Paleolítico Superior.

El debate sobre la fiabilidad de las reconstrucciones lingüísticas de tales lenguas, no compete al autor ni es el objetivo de esta obra. Aquí se considera el uso de tales lenguas como una herramienta de trabajo importante, más allá del grado de exactitud o veracidad que puedan tener tales reconstrucciones. Y para estas investigaciones, el autor ha elegido valerse de los importantes trabajos de la escuela teórica del reputado lingüista ruso, Sergei Starostin Anatolyevich (marzo 24, 1953 septiembre 30, 2005), uno de los más grandes lingüistas del mundo y gran especialista en lingüística histórica, y también se ha valido el autor de los no menos valiosos trabajos continuados por su hijo, George Starostin, y en especial de la grandiosa base de datos de lenguas de casi todo el mundo que él mismo sostiene y actualiza constantemente. Quede pues aclarado, que en esta obra la casi totalidad de voces reconstruidas no son las propuestas por el autor, sino aquellas que ya han sido publicadas por los verdaderos expertos en lingüística histórica. En algunos casos muy concretos, las propuestas del autor serán solo de posibles significados complementarios, directamente asociados a los ya reconstruidos, como si de una acepción más se tratara, y siempre dentro de lo perfectamente razonable y posible, de acuerdo a los principios básicos de la semiología y la lingüística histórica. Aclarado el punto, pasemos a la traducción.

La palabra ELPA, que de modo hipotético el autor lee como T@K@, podría corresponderse con el Proto-Urálico *taka, ‘detrás’, ‘por detrás’, que habría derivado del Nostrático y del Boreano: TVKV(92) (Fig. 82). La posible lectura, T@K@, ‘detrás’, ‘por detrás’, hallaría sentido en el hecho de que justo por detrás se halla otro bisonte, el cual está asomando su tronco por debajo del joven bisonte, y la palabra que presenta escrita justo sobre las pezuñas y el rostro se leería como K@P@, ‘pezuña’; ‘rostro’, ‘tronco’ o ‘parte delantera del cuerpo’. Mientras que por debajo de su pecho, se escribieron dos signos ELPA que conforman la palabra: T@K@, ‘detrás’, ‘por detrás’. Exactamente ‘por detrás’ del bisonte joven que está mugiendo, es que está representado el bisonte adulto, cuyo tronco asoma por debajo. Recordemos que estas palabras pertenecen al léxico reconstruido del Euroasiático y el Boreano, macrofamilias de lenguas que los lingüistas historiadores estiman ya serían habladas durante el Paleolítico Superior.

Fig. 82. Fuente: George Starostin [Russian State University For The Humanities] Primary areas of EHL research: Global Lexicostatistical Database. Languages of the World: Etymological Databases, 2014.

Fig. 82. Fuente: George Starostin [Russian State University For The Humanities] Primary areas of EHL research: Global Lexicostatistical Database. Languages of the World: Etymological Databases, 2014.

Los signos ELPA que podemos leer como K@P@, remiten en la comparativa al Proto-Altaico: *kep`a, ‘rostro’, o *keĕpV, ‘parte superior del cuerpo’ (‘tronco’)(93), que es, precisamente, lo único que se observa en esa parte de la representación, el «tronco» o «parte superior del cuerpo» de un bisonte adulto que se haya yuxtapuesto al joven que está mugiendo. La otra posible traducción de la misma secuencia, K@P@, hallaría igualmente confirmación en las mismas pezuñas delanteras del bisonte adulto, sobre las cuales se escribió el inicio de la palabra, pues en el Eurasiático, *kḳäpṗV (94), es un término para ‘pezuña’, reconstruido en el más antiguo Boreano como KVPV(95). No es para nada descabellado que con la misma palabra, K@P@, y por el principio de homofonía, se haya pretendido escribir ambos significados de ‘pezuña’ y ‘rostro’, ‘tronco’ o ‘parte delantera del cuerpo’. Por consiguiente, un doble mensaje. La palabra escrita justo debajo de la cola del joven bisonte, podría confirmar las anteriores traducciones en cuanto a voces que fueron escritas como complementos explicativos o indicativos de ambas figuras. En este caso, tendríamos la secuencia sinistrorsa; P@ P@K@. En ProtoUrálico, *pačV(96) es justamente una voz para denominar la ‘cola’, que se ha reconstruido hasta el Boreano PVNCV(97) (PUNCU). Mientras que P@, bien podría ser el artículo ‘esta’, ‘esa’, si consideramos el Boreano PV(98) o PU, que según los lingüistas historiadores evolucionó a otras lenguas euroasiáticas y afroasiáticas como el mismo artículo; incluso en el Amerindio (misc.): *pa ‘that’ y *fei ‘this’ (R 748)(99). De modo que la secuencia P@ P@K@, podría traducirse como «Esta es la cola». Pero hay otra posible traducción: «Que está mugiendo», a tenor del mismo significado anterior del Boreano PV, y de la voz, también Boreana: PVCV(100) o PUCU, ‘soplar’, que bien podría haberse usado para «resoplar» y «mugir». En cuanto a la posible inscripción escrita en la parte superior del joven bisonte, el autor ha preferido no intentar traducirla, después de haber comprobado mediante fotografía lo extremadamente borroso que se halla esa parte. Apenas se pueden reconocer dos de los signos que Breuil reprodujo.

Es posible que tales inscripciones, además de complementos mágico-religiosos a representaciones figurativas sacras o totémicas, hayan servido igualmente como ejemplos docentes en el aprendizaje de la escritura por parte de los iniciados (Fig. 83), pues el autor no cree que el arte de la escritura, en estos tiempos, fuera algo socializado o accesible a toda la comunidad. Probablemente fuera patrimonio exclusivo de cierta elite como chamanes, jefes, importantes guerreros o cazadores y quizá exploradores, aquellos individuos que viajarían lejos de la población para explorar nuevas potenciales regiones de asentamiento y explotación de recursos, y que muy probablemente actuarían como comerciantes ante poblaciones y tribus pacíficas, o no demasiado bélicas. Si estas traducciones no fuera simples coincidencias fortuitas, podría decirse que estaríamos ante las primeras evidencias epigráficas de que la Cueva de Altamira, además de lugar sagrado, es posible que haya ejercido como escuela iniciática. En tal caso, la primera escuela de arte y escritura de la historia.

Fig. 83. Recreación de un chamán o maestro instruyendo en el arte de la escritura. Boceto del autor, 2014.

Fig. 83. Recreación de un chamán o maestro instruyendo en el arte de la escritura. Boceto del autor, 2014.

La Cueva de Altamira parece contener abundantes ejemplos de inscripciones del signario ELPA, a juzgar por las publicaciones especializadas consultadas. Ahora bien, lamentablemente, muy pocas han podido ser verificarlas por el autor mediante visita presencial o fotos de calidad suficiente. La inmensa mayoría ha sido publicada solamente como calcos o dibujos que se suponen son fidedignos. Sin embargo, la experiencia del autor como estudioso de la epigrafía, de casi media vida ya, le ha permitido constatar que los dibujos o calcos de los arqueólogos e historiadores del arte que han intentado registrar el Arte Rupestre, nunca son lo suficientemente fidedignos. Cada vez que el autor ha tenido la oportunidad de ver en directo el dibujo, símbolo o inscripción, ha resultado ser sustancialmente diferente, y en no pocos casos tan diferente a lo realmente representado, que no se explica un registro tan deficiente como no sea porque el investigador actuó con prisas o se dejó llevar más por la imaginación de lo que le parecía ver que por la intención rigurosa de lograr un calco o registro fidedigno. Así pues, todas las frases o palabras escritas en el sistema ELPA que el autor ha intentado traducir de la Cueva de Altamira, y de las restantes cuevas emblemáticas del Paleolítico Superior Astur-Cántabro-Aquitano, son las que han podido ser verificadas mediante visita presencial o por fotografías de suficiente calidad.

Referencias:

92 George Starostin [Russian State University For The Humanities] Primary areas of EHL research: Global Lexicostatistical Database. Languages of the World: Etymological Databases, 2014.
93 Idem.
94 Idem.
95 Idem.
96 Idem.
97 Idem.
98 Idem.
99 Idem.
100 Idem.

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